ZHIVAGO

Antes de ir al grano, al cine del título, envío esto por delante:

1) España está en plena campaña electoral, más disputado que nunca el gobierno de 15 Comunidades Autónomas (como es bien sabido por mis compatriotas pero quizá no tanto por algunos visitantes de este humilde blog de otras nacionalidades y en otros países).

2) A los candidatos únicamente les queda por ofrecernos sus calzoncillos o bragas para obtener nuestro voto: prometen y mienten o fantasean con la misma frecuencia y soltura con que solemos mentir o fantasear algunos escritores o escribidores.

3) No obstante lo anterior, estoy de acuerdo con la afirmación de Winston Churchill: «La democracia es el menos malo de los sistemas políticos».

¡Cómo no voy a estarlo si, por ejemplo, padecí los últimos coletazos de la dictadura franquista y casi acabo preso por un simple relato basado en las desventuras de un tío mío al que mataron dos veces!

4) Pero me aburre esa machacona publicidad (a veces tan grosera que hiere mi sensibilidad, tan notoriamente falsa o absurda a veces que siento vergüenza ajena).

5) Podía leer algo, alguna hermosa ficción, pero hoy prefiero entretenerme dando de mamar a este blog apenas recién nacido, no sea que me quede sin hijo a las primeras de cambio.

Cine y música, dos de mis pasiones, sí, no solo de ciencia y literatura vive lo poco que de mí va quedando.

Una película excelente (buen guion, buenos intérpretes, buena dirección) mejora aún más cuando va acompañada de una banda sonora que a uno le acaricia el corazón del cerebro o el cerebro del corazón.

He aquí una muestra:

¿O no?

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3 comentarios sobre “ZHIVAGO

  1. Dejando a un lado la política y todo lo que la rodea. (Vivir exiliada en otro país me permite mirar hacia otro lado, aunque aún esta por ver, si eso es lo más correcto y si estoy traicionándome a mi misma.) La película es una maravilla. Su banda sonora tiene una vida propia, que le otorga a la cinta sentimientos que sólo pueden ser descritos de esa forma. Como tú, yo también adoro el cine.

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  2. Sí, José Ángel, tienes razón en los dos aspectos que mencionas en tu entrada. Por un lado, el hartazgo de tanta mentira deliberada, poca vergüenza, chulería y cinismo elevado al cubo…da la sensación de estar encerrados en jaulas construidas con promesas y falsedades, a más las escuchamos (aunque no creamos en ellas) más solidez, más esclerosis, más daño causan en nuestra mente, corazón. Pero el mundo, afortunadamente, no se reduce solo a ese espectáculo patético…hay otras realidades.
    Hay espacios abiertos, regeneradores, como pueden ser literatura, cine, música, hay palabras que enriquecen, elevan la moral, el espíritu, las ideas. Palabras que, curiosamente y a la inversa, fueron previamente la idea en la imaginación de alguien, que han construido mundos que podemos habitar o visitar. Mundos que nos muestran no solo las mezquindades, sino también la grandeza de aquello que nos define como humanos. Últimamente esta última va de capa caída, es anónima y no merece la atención de los medios, pero me consta que existe.
    Doctor Zhivago, yo también la considero una película magnífica, completa, por todo cuanto mencionas. La música, exquisita, sencillamente transporta y al mismo tiempo acaricia, un bálsamo para el alma.

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