MÚSICA, POR FAVOR

Ante el hastío de lo que nuevamente es necesario por necedades políticas —discursos y enfrentamientos repetidos, promesas vanas y cantinelas mil—, me refugiaré, hoy, ahora, en la música, donde residen las noblezas y, por ello, no caben los fingimientos.

—¡Blanca!

—¡Que te den!

Qué mujer.

—¡Irina!

¿Sorda la rubia ucraniana políglota?

—¡Rogelio!

¿Sordo el invidente a tiempo parcial?

—¡Irina en el colegio para ricos, señor José, y Rogelio ciego perdido!

—¡Ven tú y pon música, por favor!

—¡Voy!

—El Banderas sirve para todo, mi querido estudiante de Bellas Artes.

—Hasta para lo que no sirve.

Cuánto aprende de mí este chaval, y qué bien le sientan las sesiones con la modelo que le pago desde hace unos días.

—Necesito más música, muchacho.

—Todo un poeta el Sabina, ¿no te parece?

—Muy triste la letra, señor.

—Vida pura, mi secretario segundo. ¿Vamos con la tercera?

—¿Vida pura o vida de la mía?

—Melancólica.

—Cuando a usted le da por ahí…

—Y qué voy a decirte del Serrat…

—No entiendo el final, señor.

—Por eso no te preocupes, muchacho, tienes muchos años por delante para entender finales así.

—Si usted lo entiende, prefiero no entenderlo yo nunca.

—Amén.

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EL 007 MUSICAL

Muchas pistas no puedo dar por razones obvias, pero ahora que soy el agente 077, tutelado por el experto Agente Universal 777 y su fiel compañera AM, comprendo mejor a Bond, a James Bond.

Creo que fue 777 quien, desde algún lugar del mundo, más preciso tampoco puedo ser, lo siento, me escribió en un mensaje que no recuerdo si se autodestruyó en cinco o diez segundos: «007 será famoso, pero nosotros somos únicos».

No va mal el asunto. Los interesados y las interesadas en formar parte de nuestra Agencia Universal pueden ponerse en contacto con 077 a través del correo electrónico que aparece en algún sitio de este blog, qué menos que una demostración inicial de su pericia, aunque de nada servirá sin el posterior abono de un peculio testimonial, unos ciento veinte mil dólares (del euro no nos fiamos mucho: cualquier día se va al carajo el invento ese, no como el nuestro, el de la Agencia, porque espiar, lo que se dice espiar a lo grande, ¡vaya si espiamos ya!).

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Lo que más me gusta en 007 son las canciones. Pero no todas. Por ejemplo, no me atrae, no me acaricia, la oscarizada este año, la de Spectre.

Sí me gustó, y mucho, la de Adele, también oscarizada, la de Skyfall.

Con todo, y si tengo que elegir una entre varias, me quedo con el Goldfinger de Shirley Bassey.

Según las estadísticas de este sitio web, las entradas fílmicas y musicales son las menos valoradas por las visitas (salvo una honrosa excepción). Como original no soy (me atrae lo bueno o muy bueno, también lo excelente), puedo deducir, y eso deduzco, que mi modo de rendir homenajes es rarito (nada nuevo bajo el sol asturiano cuando puede verme, cuando no lo ciegan las nubes, tantas veces incapaces de sobrevolar los Picos de Europa, es decir, la parte central de la Cordillera Cantábrica).

Es lo que hay, amigos y amigas, así soy yo, rarito en general, siempre lo fui, no voy a cambiar ahora.

(Para AM y 777)