FRAGMENTOS (5)

Según mi padre:

Años más tarde, Marino y Antón recordarían la tarde lluviosa en que los muertos del cementerio viejo salieron del osario como para dar la bienvenida a José Lucinio, también conocido como el Meca.

—¿Te acuerdas, Antón?

—Claro que me acuerdo.

Aún no había nacido yo, aunque ya me quedaba menos para nacer a mi aire, sin madrugar.

—¿Que los muertos salieron del osario?

—Pues sí. Se derrumbó el muro de contención del cementerio viejo justo cuando iban a enterrar a José Lucinio y, hala, calaveras por aquí y tibias por allá. Que lo creas o no es asunto tuyo, pero así fue.

Aún faltaban muchos años para que yo naciera sin nocturnidad cuando sucedió lo que Marino y Antón recordarían.

Fue María, la madre de Marino, quien se empeñó en que el hijo hablara con el cura de la parroquia durante aquellos años de la posguerra para ofrecerse como monaguillo.

—¡Que no quiero!

—Tú en este plan y tu padre por los montes. Pero vas a obedecerme, vaya si me obedecerás. Escúchame, tonto: si te portas bien, el cura puede salir por nosotros en caso de apuro. Así todos sabrán que el rojo es el padre y no los hijos. Qué trabajo te cuesta hacerme caso. Hazme caso, Marino, hazme caso y verás… Mañana mismo bajarás hasta la iglesia y…

—¡Que no! El cura me echará de la iglesia, seguro que me echa.

—Allá él con su conciencia si hace eso.

Inseparables ya por entonces, Antón acompañó a Marino y juntos se detuvieron ante la puerta de la casa rectoral tras comprobar que la iglesia estaba cerrada.

—Oye, Antón.

—Qué.

—Preséntate conmigo.

 —Bueno, está bien. Pero lo dejo si no me gusta.

El propio sacerdote, y no el ama, les abrió la puerta. Les preguntó qué deseaban, se quedó pensativo un instante, les pidió que entraran finalmente. El cura, entrecano el pelo, remangadas las mangas de la sotana, estaba comiendo en la sala contigua a la cocina. Les mandó que se sentaran a la mesa y llamó al ama para que trajera el pote con el cocido sobrante y dos platos más.

—Nosotros ya comimos, señor cura —indicó Antón.

—Pues comeréis otra vez. El cuerpo os lo agradecerá, que estáis creciendo. Y vaya si crecéis vosotros dos, ahora que me fijo. Bueno, y a qué se debe vuestra repentina vocación, si puede saberse. Porque vosotros no venís mucho por la iglesia.

—Venimos a misa los domingos y las fiestas de guardar —replicó Antón. Para no mentir, iba a puntualizar: algunos domingos y algunas fiestas, pero calló.

—Sólo faltaría eso.

El ama vació el pote en las escudillas de los invitados.

—Comed —les ordenó el cura—. Después os examinaré aquí mismo, a ver si me convencéis.

Entre regüeldo y regüeldo, el párroco les pidió que recitaran el padrenuestro, el credo, la salve, y Antón, con muchas lagunas en la memoria por falta de práctica, dejó que Marino llevase la voz cantante y en la sabiduría del amigo camufló sus ignorancias lo mejor que pudo.

—Una pena, sí —cabeceó el sacerdote.

Los chicos lo miraron sin comprender.

—Una pena lo de tu hermano y lo de tu padre, Marino, una pena. Lo de tu hermano así lo quiso Dios, pero lo de tu padre…

Marino agachó la vista, susurró:

—Entonces, ¿no me quiere?

—Cómo no voy a quererte, hijo mío, cómo no.

—¿Y a mí? —preguntó Antón.

—Tú, por lo que sé, me acabarás con el vino de consagrar, pero es igual. Vendréis conmigo a la sacristía y allí lo pensaremos mejor.

 

Marino no tendría hijos ni llegaría a viejo, Antón sí tendría hijos —por eso estoy yo entre dos mundos— y a viejo llegaría.

Ambos fueron monaguillos durante un tiempo.

—¿Más de un año?

—Más de un año es lo que llevo yo en WP. Ellos duraron mucho menos en activo. El cura era bueno, imbécil no, o eso me contó mi padre.

En aquel tiempo

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PURO TEATRO

Durante mis años como profesor en Gijón, a mi disposición los miembros del Departamento de Lengua y Literatura para leer mis relatos y opinar sobre ellos (qué lujo, cuánto aprendí, qué impagables asesoramientos), trabé amistad con el autor, director y actor teatral Eladio de Pablo (conservo, no la presté a nadie, la versión escrita de su Famélica Legión).

Por entonces aún existía Telegijón, y fue en este canal autonómico (lo mismo emitía obras teatrales que películas porno en horarios prohibitivos para los madrugadores por oficio o afición) donde lo vi actuar por primera vez.

Cómplices (culpables no sé), no tardó él en preguntarme en alguna dependencia del instituto: «¿Qué te pareció?».

Todavía impresionado yo por los muchos minutos que él se había hecho pasar por un cadáver en pleno proscenio, no dudé en responder: «Excelente tu actuación desde que acabaron contigo, nunca había visto yo una interpretación de cuerpo muerto así».

Creo recordar que, seguramente desconcertado, tardó unos segundos en alzar la voz: «¡No me jodas, Ordiz!».

«Fue lo que más me llamó la atención; bien lo demás, pero ese cadáver tuyo mientras los otros seguían actuando…».

«Desde luego…».

Ya había visto yo magníficas obras teatrales televisadas como Eloísa está debajo de un almendro, Doce hombres sin piedad, Los emigrados, Todos eran mis hijos

Ya había visto yo funciones en el Teatro Jovellanos (cómo olvidarme del actor Pepe Rubio, de su desenfadada actuación en Enseñar a un sinvergüenza, a tono con la comedia del dramaturgo Alfonso Paso) y en el Teatro Campoamor.

Pero eso, la prolongada actuación como cadáver de Eladio de Pablo, no lo había visto ni en Gijón ni en Oviedo.

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Pues bien: nada he visto hasta ahora en el cine 3D que pueda equipararse, ni de lejos siquiera, al teatro puro, a las tres dimensiones del buen teatro en vivo.

Cierto que en esos filmes aparto la cabeza cuando algo más o menos puntiagudo parece que viene hacia mí, que va a golpearme (suelo acordarme entonces de la reacción de aquellos espectadores primeros que se levantaban de sus asientos para que no los atropellase un primitivo tren cinematográfico, según cuentan, según está escrito y documentado), pero cierto también que me decepcionaron Avatar y muchas películas en tres dimensiones, tan insustanciales por lo común.

No obstante, aún confío, mientras yo mismo sigo actuando para no ser olvido prematuro, en que una película 3D me enamore con algo que no esté basado únicamente en sus bondades tecnológicas.

CINE, POR FAVOR

Ante el tedio de las iteraciones políticas debidas a los intereses espurios de gran parte de nuestros representantes, recurriré hoy, ahora, a una de las caras de la creatividad del ser humano.

—¡Blanca!

—¡Olvídame!

Acabaré olvidándote, sí.

—¡Irina!

—¡Posando para Teo!

¿Posando? Caray con el estudiante de Bellas Artes, mucho está aprendiendo ése conmigo, cómo conseguiría… A ver si sabe más que yo, a ver si soy yo el lerdo…

—¡¿Desnuda?!

—¡No, señor José, pero todo llegará! ¡Para ahí le mando a Rogelio, que aquí, con nosotros, estorba, y mucho!

Ya mete ruido el ciego, sí.

—Presente, jefe.

—Pon cine, por favor.

—¿Qué película en concreto?

—Con tal de que sea excelente…

—África, pobre África, Rogelio.

—Veo por aquí…

—Qué ves, ahora que ves.

—A Lawrence de Arabia.

—Oriente Medio, los beduinos, más guerra… Afirman los expertos que el filme está plagado de incorrecciones históricas.

—¿Importa eso, jefe?

—Buscar la verdad en el pasado es como buscarla en el futuro, mi querido Rogelio.

—Qué frase, amo. ¿Puedo saber a quién has plagiado en esta ocasión?

—Pues… No me acuerdo, ciego. ¿Tenemos Tomates verdes fritos?

—¿Se lo pregunto a Blanca?

—Qué Blanca, no recuerdo a ninguna Blanca.

—¿No recuerdas a la que tan bien nos ceba? ¿No recuerdas a tu secretaria primera?

—Pues no, ya ves.

—Ya veo, ya.

—Ahora que ves, busca a ¡Towanda!

El cine, el buen cine… Gracias, cine.

 

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MÚSICA, POR FAVOR

Ante el hastío de lo que nuevamente es necesario por necedades políticas —discursos y enfrentamientos repetidos, promesas vanas y cantinelas mil—, me refugiaré, hoy, ahora, en la música, donde residen las noblezas y, por ello, no caben los fingimientos.

—¡Blanca!

—¡Que te den!

Qué mujer.

—¡Irina!

¿Sorda la rubia ucraniana políglota?

—¡Rogelio!

¿Sordo el invidente a tiempo parcial?

—¡Irina en el colegio para ricos, señor José, y Rogelio ciego perdido!

—¡Ven tú y pon música, por favor!

—¡Voy!

—El Banderas sirve para todo, mi querido estudiante de Bellas Artes.

—Hasta para lo que no sirve.

Cuánto aprende de mí este chaval, y qué bien le sientan las sesiones con la modelo que le pago desde hace unos días.

—Necesito más música, muchacho.

—Todo un poeta el Sabina, ¿no te parece?

—Muy triste la letra, señor.

—Vida pura, mi secretario segundo. ¿Vamos con la tercera?

—¿Vida pura o vida de la mía?

—Melancólica.

—Cuando a usted le da por ahí…

—Y qué voy a decirte del Serrat…

—No entiendo el final, señor.

—Por eso no te preocupes, muchacho, tienes muchos años por delante para entender finales así.

—Si usted lo entiende, prefiero no entenderlo yo nunca.

—Amén.

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LIBERTAD (ETC.3)

Me gusta asombrarme cuando me asombran y el 14 de mayo mucho me asombré en el hogar virtual de BY LUIS7. Era de noche y Luis estaba arrodillado ante tigres que no lo dejarán ser. Aunque eso no me asombró, ya lo sabía, ya lo había visitado más veces y había leído su lema o hábito. Más me asombró, sí, que me hubiera regalado (como a muchos otros y a otras muchas) nueve premios a la vez. Pero lo que realmente me asombró fue su ingenio para dejar constancia en un artículo de extensión normal, no demasiado largo, de ¡cuarenta premios! que él había recibido últimamente (además de responder preguntas y dejarlos luego en libertad por medio mundo y parte del otro).

—Sin poner los logotipos o poniéndolos muy pequeños…

—Frío, frío, mi querido Teo. Ponerlos muy pequeños es lo que yo haré, porque no doy para más, pero él, Luis, es mucho Luis.

—Pues no sé entonces cómo lo hizo.

—¡Haberme acompañado cuando te pedí que me ayudaras a traer lo mío, gandul!

—El cuello, señor José, esta tortícolis mía tan rebelde.

—¿Una tortícolis que desaparece en cuanto aparece Irina a tu izquierda o a tu derecha tan desabrigada como de costumbre?

—Es que Irina, señor José…

—¿Obra milagros pasajeros?

—Obra, obra, y usted lo sabe tan bien como yo.

—Bueno, dejemos a Irina en paz. A ver cómo salgo yo de esta, va a quedarme mal, seguro.

—¡Plagie! Experiencia ya tiene.

—Tampoco es fácil de plagiar lo de Luis.

—¿Tampoco? ¡Menudo viaje me perdí!

—Te jodes. Como a Rogelio no se le ocurra algo… Dónde está.

—Vaciando el vientre.

—¿Con botella o sin botella?

—Con una de La Asturiana, su presencia siempre agrada, casi entera.

—Irina dando clases de chino mandarín, Blanca no sé dónde, el ciego a lo suyo, tú así, tan perjudicado, y yo…

—Solo a la hora de la verdad, como de costumbre.

—Me desconciertas a veces, mi querido Teo. A veces, por un instante, no pareces tan lerdo como eres y eso me desconcierta bastante.

Tiro de frente y ya está.

Estos son los nueve premios:

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Diez gracias, ingenioso Luis.

Nueve premios que yo libero y entrego a quienes de algún modo prestan atención a este blog (sin olvidarme de Canela y Miel, alias JM7) y especialmente a:

Literatura, poesía, despertar

Rancho do peregrino

Historias malditas, malditas historias

Diccineario

Un ecléctico

Te miro…me miras…nos miramos

Berkanaluz

Flor Profusa

Zisabelle

Luz de Bohemia

Valeriam Émar

Teatro de los Sueños

El Ático del Alma

Viajes al Fondo del Alsa

La Brújula

Historias tras tu DNI

La lagartija

Epifanía en la Luna

Melbag123

Las Crónicas del Otro Mundo

Biblioteca 62

Estate un rato

 

CONTINUARÉ CON MÁS LIBERTADES, CON UN ETC.4, CUANDO DE NUEVO ESTÉ DONDE EL AÑO PASADO PROMETÍ NO VOLVER (PROMESAS DE HOMBRE… NO TE FÍES, MUJER)

LIBERTAD (ETC.2)

El 28 de abril, Marcial Candioti recibió de Junior (inventor de premios y diseñador de logotipos made in spain) un Liebster más y para acá me lo mandó el santafesino dadivoso el 1 de mayo.

Para no ser menos, qué va, de eso nada, rápidamente reaccionó Canela y Miel, la presidenta número cuatro de la Agencia Universal de Investigación (y Espionaje), y para Oviedo y otros hermosos lugares envió su Liebster, nunca había visto yo una premiación como la suya, qué elegancia, por algo ocupa, claro, un puesto de semejante responsabilidad, qué buen tino deben de tener en la AUDI.

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 Gracias, 777

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Gracias, JM7 

—Disculpe, señor.

—Dispara sin miedo, mi querido estudiante de Bellas Artes.

—¿Qué significa Liebster? Es que a mí se me da fatal el inglés.

—Pues ya somos dos, Teo. Pregúntaselo a Irina la políglota, que para eso le pago.

—¿Le paga a Irina? Porque a mí no me paga, señor.

—Os pago de sobra con lo que vais aprendiendo de mí.

—¿Aprendiendo? Yo ya sabía beber licores.

—Bueno, vale, largo de aquí ahora y pregúntale a Irina eso que no sabes o pinta sombras proyectadas o sin proyectar o mujeres desnudas o, en lenguaje llano y directo, vete al carajo, chaval.

Sigo.

El 10 de mayo, Velehay, alias Antoncaes,  o sea, Antonio Caro Escobar («No soy lo que escribo, soy lo que tú sientes al leerme»), me dio a elegir entre varios premios de los muchos que a él le entregan. Elegí el siguiente:

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Gracias, Antonio

Para despistar, claro, mi rollo no es, precisamente, bueno: salgo poco a pasear de blog en blog (por ejemplo) y mis palabras electrónicas no se entienden mejor que mis palabras de tinta, demasiado talludo para cambiar de costumbres o vicios (por ejemplo).

Ya puesto, embalado, continúo con Placer y Sexualidad.

—¿Con Irina, jefe?

—¿También tú, ciego? ¿También tú?

Con su reconocimiento,

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Gracias, es un placer

y con unas preguntas adheridas que intentaré responder con la seriedad y el orden que suelen caracterizarme:

4) Recomienda cinco libros.

El invierno en Lisboa, Rabos de lagartija, Juegos de la edad tardía, El nombre que ahora digo y Sal dulce. (Aún no han fallecido sus autores, creo)

5) Recomienda cinco películas.

Las recordaré, en algún lugar de este ordenado blog están: Doctor Zhivago, Blade Runner, El verdugo, El guateque y El nombre de la rosa.

16) ¿Cómo te ves de aquí a 10 años?

Muerto y calcinado.

20) Obligatorio recordar y contar una anécdota divertida.

Hace unos días, el otro día, hablé para decir: «No somos nada». Y el muerto no me contestó.

—Hala, hala… Cuatro de veinte, y la cuarta…

—¿También tú, Blanca? ¿También tú?

Aunque estas nominaciones, reconocimientos, premios o publicidades gratuitas siempre las comparto con la presidenta número cuatro de la AUDI y es ella, desde su blog, quien premia en mi nombre y en el suyo, también premiaré yo desde este blog en esta ocasión y en las siguientes (sí, hay más ETC. en espera de su libertad).

Ante todo, me sentiría muy honrado si alguna de estas LIBERTADES (libre elección) con que me honran blogueros y blogueras hallase cobijo en cuantos sitios web le prestan alguna atención a esta casa virtual o laberinto o caos.

Y especialmente honrado me sentiría si alguna de ellas encontrase reposo en los sitios que aún no han sido premiados por el responsable de este blog, entonces menos injusto.

Escrito lo cual, y de modo más específico:

El primer Liebster también les corresponde a Placer y Sexualidad (con Irina o sin Irina, pero mejor, mucho mejor, con Irina, no me engañaré ni pretenderé engañar a nadie) y a Abrazo Infinito y a Niebla.

El segundo Liebster también les corresponde a Velehay y a Reflexiones al borde de los cuarenta y a Poetas Nuevos.

El Buen rollo también les corresponde a Junior y a Salafrancablog y a Lo que la sonrisa esconde.

El Sisterhood también les corresponde a Marcial Candioti y a Irlanda (no voy a separar yo lo que unió la vida).

CONTINUARÉ DENTRO DE UNOS DÍAS

INFAUSTA

Versos y prosas de artistas invitados (5)

Aunque tal vez lo fue, Marielena Blay no es desgraciada o infeliz en la actualidad, según me cuenta. Mejor, mucho mejor, que sea hoy una escritora que mantiene el alias de Infausta porque está bien acordarse de los recuerdos si ya no duelen; si duelen, es mejor olvidarlos; yo no sé cómo se olvidan, pero intento aprender.

Bienvenida a Oviedo, amiga.

Pixabay, WP

 

Ya puedes contarnos algo, Infausta.

 

“El manierismo y la herida”

 

“Sus ideas y descubrimientos se asemejaban a ciertas imágenes reveladoras -y en apariencia felices- de los sueños, que en estado de vigilia nos parecen totalmente triviales e inservibles.” (La muerte en Venecia, Thomas Mann)

“Los antiguos reconocían en los sueños toda índole de cosas, y en ocasiones mensajes de los dioses. ¿Y por qué habrían de estar equivocados? Algo hacían ellos con esos mensajes de los dioses. A nosotros nos interesa el tejido que envuelve a estos mensajes, la red donde algo queda prendido.”  (Jacques Lacan)

 “Intentamos volver a encontrar en las cosas el reflejo que nuestra alma ha proyectado en ellas y nos decepciona comprobar que en la naturaleza parecen desprovistas del encanto que debían en nuestro pensamiento a la vecindad con ciertas ideas.” (En busca del tiempo perdido, Marcel Proust)

“Este mundo manierista utiliza, justamente a consecuencia de su duda y de su angustia, la coraza en vez del cuerpo, la máscara en vez del rostro (…) En tanto el barroco tiene una tendencia hacia el humor que es afirmativa por completo, lo cual es signo de un excedente de fuerzas, el manierismo se encuentra lejos de toda posibilidad de humor: En el manierismo nos sobrecoge, con un estremecimiento que nos previene de algo, la profunda seriedad de lo exangüe, la melancolía de lo enjuto.” (Tres formas de la existencia frustrada, Ludwig Binswanger)

“La Belleza es, pues, el camino del hombre sensible hacia el espíritu (…) el amante es más divino que el amado, porque el dios habita en él y no en el otro…”  (Thomas Mann, La muerte en Venecia)

 

 

El aprendiz emprendió la búsqueda de su maestro.

“Siento un gran vacío al no conocer a mi mentor -decía-

que la poesía la quiero aprehender”.

Y decidió estrecharlo en sus brazos cuando lo viera,

inmortalizar el momento con una foto,

colgarla en grande en la sala de su casa

para verla siempre y saber que

realmente ocurrió

aquel encuentro.

 

Llegó finalmente el día

y el aprendiz, tan torpe,

con esa timidez de los momentos decisivos

no pudo pedirle ningún gesto

ni estrecharle la mano siquiera

a su padre poético.

 

Pensaba “así es la realidad sentimental

que quiebra la poesía,

la palabra que se dice se esconde más fácilmente

que la palabra que se escribe”.

Y tal como estaba, indefenso sin su pluma,

intentó bañarse con la mirada del maestro

cuya pupila designaba también al pequeño ser

que en los ojos se encierra.

 

Como si adentrándose en esos ojos de anciana sabiduría

pudiera conocer el soplo que daba

a sus papeles y letras

como si aquel influjo se dejara asomar, incauto,

a través de los ojos.

 

Pero el maestro lo había visto todo ya

y conocía los deseos del joven aprendiz de poeta.

Sin embargo, su mente no estaba en el intercambio de saludos

sino en la luz que se colaba a través de la ventana.

Sintió, de repente, el arrebato de querer asir esa luz

salir al exterior y tumbarse al sol,

como si fuera una mortal dejándose encantar por el dios Zeus.

Descubrió que había pasado frío todos esos días…

 

Había sido esa luz, la que lo había despertado del invierno.

Todo esto lo comprendió enseguida el joven,

pendiente del brillo soleado en la ventana,

porque había seguido el rastro de la mirada del mayor.

 

No fue determinante decirse demasiado

para compartir la necesidad de la materialización

del objeto y sujeto poéticos,

del narrador omnisciente, del autor, del yo…

cuando se quiere abrazar una imagen o la fuente de todas las imágenes.

 

Marielena Blay

Mi foto

Es filóloga y escribe desde antes de aprender a escribir, cuando les dictaba a sus padres monólogos y supongo que otras creaciones que anuncian dones y pasiones y humanidad.

«Me adorno con flores muertas que continúan vivas a mis ojos».

Su blog: Variaciones sobre un mismo olor que muta