INFAUSTA

Versos y prosas de artistas invitados (5)

Aunque tal vez lo fue, Marielena Blay no es desgraciada o infeliz en la actualidad, según me cuenta. Mejor, mucho mejor, que sea hoy una escritora que mantiene el alias de Infausta porque está bien acordarse de los recuerdos si ya no duelen; si duelen, es mejor olvidarlos; yo no sé cómo se olvidan, pero intento aprender.

Bienvenida a Oviedo, amiga.

Pixabay, WP

 

Ya puedes contarnos algo, Infausta.

 

“El manierismo y la herida”

 

“Sus ideas y descubrimientos se asemejaban a ciertas imágenes reveladoras -y en apariencia felices- de los sueños, que en estado de vigilia nos parecen totalmente triviales e inservibles.” (La muerte en Venecia, Thomas Mann)

“Los antiguos reconocían en los sueños toda índole de cosas, y en ocasiones mensajes de los dioses. ¿Y por qué habrían de estar equivocados? Algo hacían ellos con esos mensajes de los dioses. A nosotros nos interesa el tejido que envuelve a estos mensajes, la red donde algo queda prendido.”  (Jacques Lacan)

 “Intentamos volver a encontrar en las cosas el reflejo que nuestra alma ha proyectado en ellas y nos decepciona comprobar que en la naturaleza parecen desprovistas del encanto que debían en nuestro pensamiento a la vecindad con ciertas ideas.” (En busca del tiempo perdido, Marcel Proust)

“Este mundo manierista utiliza, justamente a consecuencia de su duda y de su angustia, la coraza en vez del cuerpo, la máscara en vez del rostro (…) En tanto el barroco tiene una tendencia hacia el humor que es afirmativa por completo, lo cual es signo de un excedente de fuerzas, el manierismo se encuentra lejos de toda posibilidad de humor: En el manierismo nos sobrecoge, con un estremecimiento que nos previene de algo, la profunda seriedad de lo exangüe, la melancolía de lo enjuto.” (Tres formas de la existencia frustrada, Ludwig Binswanger)

“La Belleza es, pues, el camino del hombre sensible hacia el espíritu (…) el amante es más divino que el amado, porque el dios habita en él y no en el otro…”  (Thomas Mann, La muerte en Venecia)

 

 

El aprendiz emprendió la búsqueda de su maestro.

“Siento un gran vacío al no conocer a mi mentor -decía-

que la poesía la quiero aprehender”.

Y decidió estrecharlo en sus brazos cuando lo viera,

inmortalizar el momento con una foto,

colgarla en grande en la sala de su casa

para verla siempre y saber que

realmente ocurrió

aquel encuentro.

 

Llegó finalmente el día

y el aprendiz, tan torpe,

con esa timidez de los momentos decisivos

no pudo pedirle ningún gesto

ni estrecharle la mano siquiera

a su padre poético.

 

Pensaba “así es la realidad sentimental

que quiebra la poesía,

la palabra que se dice se esconde más fácilmente

que la palabra que se escribe”.

Y tal como estaba, indefenso sin su pluma,

intentó bañarse con la mirada del maestro

cuya pupila designaba también al pequeño ser

que en los ojos se encierra.

 

Como si adentrándose en esos ojos de anciana sabiduría

pudiera conocer el soplo que daba

a sus papeles y letras

como si aquel influjo se dejara asomar, incauto,

a través de los ojos.

 

Pero el maestro lo había visto todo ya

y conocía los deseos del joven aprendiz de poeta.

Sin embargo, su mente no estaba en el intercambio de saludos

sino en la luz que se colaba a través de la ventana.

Sintió, de repente, el arrebato de querer asir esa luz

salir al exterior y tumbarse al sol,

como si fuera una mortal dejándose encantar por el dios Zeus.

Descubrió que había pasado frío todos esos días…

 

Había sido esa luz, la que lo había despertado del invierno.

Todo esto lo comprendió enseguida el joven,

pendiente del brillo soleado en la ventana,

porque había seguido el rastro de la mirada del mayor.

 

No fue determinante decirse demasiado

para compartir la necesidad de la materialización

del objeto y sujeto poéticos,

del narrador omnisciente, del autor, del yo…

cuando se quiere abrazar una imagen o la fuente de todas las imágenes.

 

Marielena Blay

Mi foto

Es filóloga y escribe desde antes de aprender a escribir, cuando les dictaba a sus padres monólogos y supongo que otras creaciones que anuncian dones y pasiones y humanidad.

«Me adorno con flores muertas que continúan vivas a mis ojos».

Su blog: Variaciones sobre un mismo olor que muta

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UNA MUJER ESCRIBE ESTOS POEMAS

Versos y prosas de artistas invitados (4)

A la encantadora mujer del título, a Mónica la poeta, la conocí en persona en Madrid. Recuerdo que coincidimos en la presentación de un libro y que la acompañaba una amiga. Esa amiga de Mónica algo me preguntó sobre una de mis novelas, y algo le respondí yo, que no perdiese el tiempo con mis historias o algo así, a gala tengo vender más libros de otros que míos (ya será más explícito mi presentador oficial, otro artista, cuando le llegue la hora de aparecer en este blog, pobre hombre, pobre amigo mío, qué cruz le cayó con quien esto escribe, menos mal que ya no presento nada y ya no tiene él que presentarme a mí, a alguien tan impresentable). Aunque Mónica no me conocía en persona, sí conocía ya mis querencias, disculpas les pido de nuevo a mis personajes todos; mal padre tenéis, hijos míos, os trato mal de vivos y peor una vez empapelados. Como ya me conocía sin conocerme del todo, algo sabio le contestó ella, Mónica, a la amiga, No le hagas caso (si añadió algo más, un merecido Está pirado, por ejemplo, no me acuerdo aunque sí quiera acordarme).

¿Vienes conmigo hasta Oviedo, Mónica?

Pixabay, WP

No es lo que te prometí, que sería un gran día y todo eso, llueve mucho por aquí, pero por aquí ya sabe cualquiera que soy poco de fiar; ¿cómo te fiaste tú de mí, mujer, si te consta desde hace unos cuantos años que soy como soy porque soy así?

Sostendré el paraguas mientras actúas, olvídate de la lluvia y concéntrate en tu arte.

¿Que no llueve?

¡Anda mi madre, es verdad, no llueve!

Pobre madre mía, qué fue a parir esa señora, cuántas cruces les cayeron a más de uno y de una por haber nacido yo.

Era verano y lucía el sol cuando yo nací; la brisa…

Ah, sí, disculpa, hoy actúas tú. Hala, empieza, ya sostengo yo el paraguas.

 

 

SEREMOS UNA DANZA EN LA COLINA

Dame la mano y danzaremos;

dame la mano y me amarás

Gabriela Mistral

 

Bailamos embriagados de mariposas,

nos mezclamos perdidamente

como agua y miel

y danzamos en nuestra inmensa estepa

hasta que fuimos otros

a la primera mirada.

 

Mitad cuerpo, mitad alma

nos acercamos y escribimos nuestra fábula,

una verdadera fiesta con olor a jazmines.

 

Dijiste: Seremos una sola flor,

seremos una danza en la colina,

dame la mano y danzaremos.

 

 

POEMA DE AMOR MATEMÁTICO

“Ay vida mía,

no sólo el fuego entre nosotros arde

sino toda la vida,

la simple historia,

el simple amor

de una mujer y un hombre

parecidos a todos”.

Pablo Neruda

 

Decidimos encontrarnos sin sumas ni restas,

hicimos de nuestros cuerpos en espiral

una ecuación sin tiempo: tarde, noche, mañana

enredados en el teorema de nuestras cinturas,

con tus manos abiertas sobre mi piel

y mis ojos brillantes y llenos de luz en tus pupilas.

 

Dibujaste la cartografía de mis lunares

cuando estábamos solos tú y yo

deshaciéndonos en mil caricias,

curando las heridas,

jugando a jugar la vida.

 

No sólo el fuego escribió este

poema de amor matemático

tangente a tus besos,

fue el amor de un hombre y una mujer

que hicieron un mundo con sus miradas.

 

Mónica López Bordón

Mónica López Bordón

Trabajo como CEO en un precioso proyecto dedicado a las personas mayores: Vitalia Alcalá de Henares, Centro de Día pionero en España donde aplicamos el Método Hoffman. Me dedico a mi gran pasión: la poesía.

(Que tiene muchos premios, Tiene muchos premios, lo añado yo, o sea, yo, el del blog este)

Web: monicalopezbordon.com

LA IMAGEN DEL POEMA

VERSOS Y PROSAS DE ARTISTAS INVITADOS (3)

No hace mucho leí un artículo excelente, Escribir bien importa, que no dudé en compartir a través de las redes sociales (exiguos mis contactos, pero a quien da lo que tiene no debe pedírsele más, creo yo). En el artículo en cuestión, muy recomendable para escritores que quieran serlo de verdad (allá se entiendan antes o después con su don o su maldición, con su pasión o su enfermedad, con sus memorias y sensibilidades y realidades y fantasías, con sus límites creativos), se aborda uno de los males comunicativos de esta época: la tendencia a escribir mal, de cualquier modo, en las redes sociales (también al redactar un simple correo electrónico de mayor o menor importancia), indiferencias o urgencias o faltas de atención cancerígenas no solo para literatos y literatas.

Asunto más complicado es lo de escribir bien sin que se note demasiado, sin forzar el lenguaje, sin alardes, algo así como recordando el consejo que maese Pedro, en el Quijote, tal me pareció en su día (cuando aún no sabía leer con el respeto que merecen ciertos relatos) que le daba a mi segundo apellido: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala».

 

Voy con mi artista invitado, con JAVIER LASHERAS, en su Cuaderno tranquilo muestras múltiples de su arte.

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Disculpa, poeta, tan prosaico introito, pero dicen de mí, quienes bien me quieren y por ello exageran, que no doy puntada sin hilo (no se fijan, no desean fijarse, en esas dispersiones mías que tú mismo padeciste y padeces). Exageran por lo común, hoy no tanto, que nadie me juzgue antes de que yo descubra el hilo de la desmedida (eso sí) puntada inicial.

Versos me regalaste, Javier, con una condición lógica, elemental en alguien que no se conforma con poco: la de salvaguardar la imagen del poema.

Cito tus propias palabras aclaratorias: Sólo se trata de respetar los márgenes e interlineados así como un tipo de letra que no disuene con los textos literarios en general.

Es decir, Lasheras aún va más allá de la ortografía y la gramática, ansía más, como debe ser: acabado está el creador o recreador que se conforma, que no ansía.

A ver cómo me las arreglo yo para que no disuene lo tuyo, Javier; buena voluntad sí pondré, pero no me conformo con eso, aún no.

 

 

I

OBERTURA

 

¿Cuánto darías por saber
que a una hora y en un lugar
sólo queda la leve ventura
de entregarnos al olvido,

cuánto por no ser hierba de guadaña,
puñal de soberbia o ira de tu vanidad?

Ven, abre los ojos y mira a ese hombre
que se arrima al último abismo,
míralo bien y dime si alguna vez
supiste de él, de su empresa y de su miedo,
pero… espera, ¿qué está haciendo?

No veo bien su mirada ni el traje de su alma:
no sé, quizá no vea nada ni anhele
siquiera ese último deseo del condenado,
pero al menos podría encender un cigarrillo,
dudar un instante, aspirar hondo y contar.
¿Hasta diez dices? Qué más da,
que cuente su infierno pero gane el fuego,
que supure esa herida y grite cuanto deba
para saciar el precio que la vida cuesta.

Y ahora, en qué crees que piensa. Claro,
en qué va a pensar, en su piel ya sin leyes,
en su corazón de granizo, su envite y su renuncia
o tal vez resuene en su cráneo como un disparo de fuego
el nombre de una mujer que bien pudiera ser el tuyo
y así, tú lo sabes, no hay forma de contar.

Mira, ya desciende su espíritu de nieve.
¿Lo has oído? Sí, un golpe seco y veloz
como el recuerdo de los vencidos,
mudo como el grito de un ahogado.

Míralo, ya duerme, descansa
en su humilde sudario de piedras y cantos:
dejemos ahora que los habitantes del mar
velen su alma y su memoria,
que en vida él mismo ya cuidó su cadáver.

En fin, sigamos nuestro camino,
pero dime, ¿de qué estábamos hablando?
¡Ah sí, ahora ya caigo! La vida…
la vida es una herida que no duerme.

 

Poema inicial del libro Fundición, Algaida Editores, 2008

Del mismo poemario:

 

Retablo de los duelos, 1990

 

       No sabía que acabaríamos convirtiendo el lenguaje en un badil de cenizas, ni que el mundo nos fuera a inundar de imágenes obscenas hasta dejarnos ciegos, idolatrando a héroes de juguete, deleitándonos con ejemplar estulticia en la miseria ajena.

       No creí que llegara el día en que viésemos las almas en la plaza a merced de los mercaderes del dinero, ni que fuéramos a despreciar la vida en idéntica proporción al desprecio por la muerte; que las democracias fuesen a solicitar el voto para los aliados de la amnesia y que los huevos de la serpiente anidasen tanto en el útero salvaje del pueblo como en los bolsillos sin fondo de un puñado de hombres tan tranquilos y correctos.

       No, todavía no sabía que el timón de esta historia estaría bajo el mando de unas manos asombrosamente diseñadas para la muerte, ni que todo este terror serviría para que este insomne acabara escribiendo, con un infinito desdén y un esmerado sosiego: «consérvate bueno, consérvate bueno.»

 

Javier Lasheras (Don Benito, Badajoz, 1963) ha publicado, entre otros, los libros Poemas (Premio Asturias Joven de Poesía, 1990), La paz definitiva de la nada de Martín Huarte (IX Premio Feria del Libro de Madrid, 2000) y El amor inútil (2004).

Viena, 2013.© Foto: CM.