POEMARIO INCENDIADO (11)

Una breve intromisión por mi parte para comentar lo siguiente: en este último poema de Mateo el mendigo hallé el título perfecto para la novela que, después de cincuenta y tres años, logré finalizar (lástima, en mi caso, que lo imaginado o vivido o soñado o recordado no sepa escribir por sí solo, que dependa de un talento de carne y hueso). Sus versos últimos dan la bienvenida al lector en Sal dulce, como no podía ser de otro modo.

Desde que tengo por Dios

al Dios de las hormigas,

cuánto me duelen estas heridas

de cualquiera,

de otros,

mías;

tajos en el corazón,

desgarros de la vigilia;

llagas vivas

donde los peores días

y días

vierten toda la sal;

quizá sal dulce,

diluida,

curativa,

con el tiempo,

mañana,

hoy sal pura, impía.

Poemario incendiado, MATEO GARCÍA

sal

 
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POEMARIO INCENDIADO (10)

Llueve sobre el ocaso,

huye el día con premura

de homicida

mientras algo duerme y algo clama

en el interior de las almas.

 

Duerme lo saciado,

lo hambriento clama.

 

En lo alto un cielo de nubes grávidas,

abajo la tierra y las almas

y una luz que ya solo es sombra de lo que fue

y de lo que será mañana,

cuando de nuevo intentemos permanecer

puros y nítidos y enamorados

pese a que nada hay más absorbente que el vacío

ni más convincente que el pecado.

 

El eco del día es la palabra de la noche

y, entre somnolencias y clamores,

sentimos el ocaso

y la lluvia que no cesa

y el absurdo de nuestras miradas

si únicamente la vida se trata

de ser y porfiar

entre un llegar azaroso

y un partir anunciado

para que el tiempo exista,

el tiempo y el misterio y lo eterno todo.

 

Poemario incendiado, MATEO GARCÍA

lluvia

 

POEMARIO INCENDIADO (9)

Me llora el corazón,

me llora y se me desangra

ante tanta hermosura

putrefacta.

 

Por el dolor a traición

y el acerado puñal en demasiadas esquinas de la existencia,

por la caducidad de la ternura

y el constante sacrificio de la inocencia,

por lo que se fue sin haber sido posible

y esa persona cual imán de penas.

Pero callas,

vida,

dios,

nada me contestas

y siento que te pierdo

y te pierdo

y, perdido,

ya es otro día,

y otro,

pero todos son el mismo,

la noche misma.

Poemario incendiado, MATEO GARCÍA

mundo