EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR

Y continuará, conmigo o sin mí.

Mis palabras, el sentir cómplice, en la prodigiosa voz de Freddie Mercury:

Ahora voy a soñar, bien veremos después, cuando despierte.

Pixabay, WP

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FINGIMIENTOS Y NOBLEZAS

Ni los mosquitos ni las hormigas, con cierto protagonismo en sendos relatos de este blog, practican (que yo sepa) deportes como el balompié (alias fútbol) o el rugby no estadounidense.

Dos deportes con más similitudes que diferencias. Pero con diferencias notables. Entre las diferencias notables: en el balompié no es lícito el contacto violento entre los jugadores, en el rugby sí lo es (o no tendría sentido el juego, que yo sepa).

A mí me gusta más el fútbol (el único deporte donde el pie es fundamental para impulsar el balón, de ahí su éxito mundial, según el fenecido Johan Cruyff) que el rugby, aunque admiro mucho más a los jugadores de rugby que a los de balompié, tan abundantes las noblezas y los corajes de los primeros como los fingimientos y las debilidades de los segundos en el terreno de juego.

Pues en la vida como en el fútbol: muy numerosos los fingimientos y muy escasas las noblezas. Sabido es.

Hasta algunos filósofos lo saben y por ello afirman que el fútbol representa, mejor que cualquier otro deporte, la existencia humana —a nivel individual y colectivo—, de ahí su persistente éxito mundial (que yo sepa, no mencionan a Cruyff, la peculiaridad que Johan indicó cuando aún podía hablar, digna de reflexión y sesudos estudios, o eso tengo para mí: érase un niño con el pie pegado a una pelota).

En sus vidas, ¿fingirán los mosquitos?, ¿fingirán las hormigas?, ¿serán más nobles que nosotros en las nuestras?

¿Amarán?

Rezar no rezan (que yo sepa). ¿No querrán ser más allá del ser físico? ¿No necesitarán salvadores? ¿No tendrán miedo?

rugby-673453_640Mi aplauso, jugadores de rugby

Y, de nuevo, gracias, Pixabay

PURO TEATRO

Durante mis años como profesor en Gijón, a mi disposición los miembros del Departamento de Lengua y Literatura para leer mis relatos y opinar sobre ellos (qué lujo, cuánto aprendí, qué impagables asesoramientos), trabé amistad con el autor, director y actor teatral Eladio de Pablo (conservo, no la presté a nadie, la versión escrita de su Famélica Legión).

Por entonces aún existía Telegijón, y fue en este canal autonómico (lo mismo emitía obras teatrales que películas porno en horarios prohibitivos para los madrugadores por oficio o afición) donde lo vi actuar por primera vez.

Cómplices (culpables no sé), no tardó él en preguntarme en alguna dependencia del instituto: «¿Qué te pareció?».

Todavía impresionado yo por los muchos minutos que él se había hecho pasar por un cadáver en pleno proscenio, no dudé en responder: «Excelente tu actuación desde que acabaron contigo, nunca había visto yo una interpretación de cuerpo muerto así».

Creo recordar que, seguramente desconcertado, tardó unos segundos en alzar la voz: «¡No me jodas, Ordiz!».

«Fue lo que más me llamó la atención; bien lo demás, pero ese cadáver tuyo mientras los otros seguían actuando…».

«Desde luego…».

Ya había visto yo magníficas obras teatrales televisadas como Eloísa está debajo de un almendro, Doce hombres sin piedad, Los emigrados, Todos eran mis hijos

Ya había visto yo funciones en el Teatro Jovellanos (cómo olvidarme del actor Pepe Rubio, de su desenfadada actuación en Enseñar a un sinvergüenza, a tono con la comedia del dramaturgo Alfonso Paso) y en el Teatro Campoamor.

Pero eso, la prolongada actuación como cadáver de Eladio de Pablo, no lo había visto ni en Gijón ni en Oviedo.

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Pues bien: nada he visto hasta ahora en el cine 3D que pueda equipararse, ni de lejos siquiera, al teatro puro, a las tres dimensiones del buen teatro en vivo.

Cierto que en esos filmes aparto la cabeza cuando algo más o menos puntiagudo parece que viene hacia mí, que va a golpearme (suelo acordarme entonces de la reacción de aquellos espectadores primeros que se levantaban de sus asientos para que no los atropellase un primitivo tren cinematográfico, según cuentan, según está escrito y documentado), pero cierto también que me decepcionaron Avatar y muchas películas en tres dimensiones, tan insustanciales por lo común.

No obstante, aún confío, mientras yo mismo sigo actuando para no ser olvido prematuro, en que una película 3D me enamore con algo que no esté basado únicamente en sus bondades tecnológicas.