PÓLVORA

Como tengo que caminar muy pendiente del suelo que piso (más me vale, tan resbaladizas algunas baldosas, otras desajustadas), no me fijé en el hombre alto, flaco, moreno, ni en la bellísima mujer rubia (esto sí que no es habitual en mí por muy peligrosas que sean algunas aceras), casi tan alta como él, que lo acompañaba. Me detuve, qué remedio, cuando unos zapatos quietos interrumpieron mi lenta y torpe marcha. Alcé la vista, vi una sonrisa, dos. También yo sonreí, qué menos. Dejé paso. Pero la pareja no se movió de donde se había parado, como yo me paro a veces para ver monumentos femeninos.

—¿No me conoce, profesor?

No, no reconocí al hombre de corta barba negra que volvió a sonreír. Busqué pistas en ella, en la rubia de ojos claros y piel muy blanca, y nada, peor todavía.

—Soy Pedro.

¿Pedro? Qué Pedro. El ¡Pedro! de la Penélope Cruz no era, eso fijo, ya le hubiera gustado a Almodóvar ser un Pedro así, tan bien plantado.

—Pedro el de la pólvora, profe, ¿se acuerda?

Caí.

—¡Pedro Cortina Pascual!

—Se acuerda…

—Como para no acordarme… Qué es de tu vida, hombre.

—Ya ve. De vacaciones en Oviedo.

Miré al callado y sonriente monumento femenino.

—No, a ella no la conoce. Es alemana.

—¿Alemana?

—Ahora también soy yo medio alemán, profesor.

Mi antiguo alumno vive en Leverkusen y trabaja en la Bayer. Forma parte del amplio equipo internacional que se ocupa de la ingeniería genética de alimentos (¡toma ya, a ver si acabáis con el hambre en los países pobres, majos, que ya es hora, que mis niños siguen muriendo por desnutrición y el futuro, de existir, será de los niños supervivientes!). Él, Pedro Cortina, como yo, estudió en la Facultad de Ciencias Químicas de Oviedo y, como yo, se especializó en Química Orgánica (el exigente pero afable José Barluenga al frente del Departamento en mis tiempos universitarios y aún en los suyos, en los de Pedro).

«Si continúas por este camino…».

«Es verdad. Gracias, Irina».

«¡Soy Blanca, joder!».

«Ah, sí, perdona».

«A la pólvora, tú a la pólvora».

«Allá voy como un tiro, sí».

explosión

En el viejo instituto de enseñanza media (actual instituto de educación secundaria, ¡a ver si nos aclaramos de una vez, ya está bien de leyes y nuevas leyes educativas condenadas al fracaso por no llegar a consensos permanentes los derechistas con los izquierdistas, qué vergüenza!, no se culpe a los educandos de estar a la cola de Europa en cuanto a resultados académicos se refiere), no era buen estudiante Pedro Cortina Pascual. Sin ser conflictivo, poco tenía de disciplinado. Se me ocurrió un día (así era yo) proponer una actividad extraescolar en principio descabellada. La titulé Prácticas de laboratorio (¡toma ya!). Igual picaba alguien, cosas más raras se habían visto. Debía ser aprobada la iniciativa por el director del instituto (no problem, aún hoy es uno de mis mejores amigos) y por el jefe de estudios (no problem, era yo). Picaron catorce jóvenes nada menos, Pedro Cortina entre ellos y ellas.

Qué hace éste aquí, entre lumbreras del calibre sobresaliente, ¿viene a volarme por los aires el laboratorio, a arruinar mi brillante carrera como profesor?

Qué sorpresa enseguida, cuando Pedro Cortina, el primero en llegar, a las cuatro y media de la tarde, y el último en marcharse, sobre las seis y media o las siete y media de la misma tarde de los miércoles, empezó a preguntarme lo que nunca me preguntaba en clase o, por ejemplo, ¿Qué aparato es este, profe? (Un medidor antiguo, ya no sirve, ¿Lo tiramos?, No, no, déjalo ahí, que no es mío y, además, no estorba)

Con pastillas de jabón, que ellos y ellas habían fabricado, y otros productos made in nosotros, como perfumes o figuras de vidrio (un curso escolar da para mucho si se sabe aprovechar el tiempo), iban para casa, más contentos que unas castañuelas alegres, los catorce del Pirado (así me llamaban a mí en el instituto, el Pirado, también Robocop, pero esa es otra historia).

Oye, profe, Dime, Pedro, ¿Es difícil preparar pólvora?, Qué va, nitrato de potasio, azufre y carbón, mezclados en unas determinadas proporciones, y ya está, pólvora negra lista, ¿La preparamos entre todos?

Piqué.

Por los aires voló la puerta del gimnasio de las chicas unos veinte días después.

Confesó Pedro ante mí.

No había nadie, profe, y la puerta ya no valía nada, una patadita y se la cargaba cualquiera. Fue un experimento, quería saber… , Dónde conseguiste el nitrato y lo demás, En la tienda de jardinería que hay en la calle Brasil, Ya, Y ahora estudio mucho, no soy el de antes, quiero ser químico, ¿Has visto la luz?, Qué luz, Nada, cosas mías, a ver cómo salimos de esta, jodido lo tenemos, chaval, Lo siento, profe, de verdad, no volverá a suceder. (De qué me suena a mí esto último, lo que Pedro Cortina me prometió y cumplió, alguien lo prometió también no hace mucho)

Confesamos los dos ante el Consejo Escolar.

La presencia del alumno en la sala de reuniones ya no era procedente («Para casa directo y pon cara de bueno los próximos días», le recordé en voz baja mientras le abría la puerta, «Vale, profe», cerré la puerta), la mía sí.

¿Expulsar a Pedro Cortina Pascual precisamente cuando había visto la luz? Ni hablar. La culpa era mía, por algo me llamaban el Pirado. Y la puerta del gimnasio de las chicas amenazaba ruina desde el curso anterior, tal vez Pedro Cortina había evitado una auténtica desgracia (cómo me inflamé, qué actuación, los apodos no suelen ganarse así como así).

En esas estábamos, pronto volvería a reunirse el Consejo para tomar una decisión, cuando varios alumnos de uno de los grupos de letras descalabraron a un compañero de clase y lo nuestro, lo de Pedro y mío, quedó archivado de repente, muy serio el nuevo daño, ni comparación tenía con el asunto de la pólvora y la puerta.

«Aquello sí que era la guerra, jefe».

«Qué va, ciego, qué va, para guerras las de ahora, lo que me cuentan que sucede ahora en los centros educativos, mayormente públicos».

«Qué pasó ese día con el barbas y con la alemana».

«Mira el contador de palabras, más de mil, nadie leerá esto, ni mi cuarto secretario siquiera, el estudiante Teo, del que poco sabemos porque calla mucho. Pero bueno, qué más da que alguien lo lea o no, aquí lo dejo todo y ya está».

«Ahí, ahí, jefe, así me gusta».

«¿Por dónde iba, Blanca?».

«¡Soy Irina, joder!».

«Ah, sí, perdona».

«Venga, remata de una vez, ya está contado lo principal».

«Como yo no sabía si iba o venía, ni me importaba, entré con Pedro y la alemana del Ja y del  Nein en una cafetería y allí me habló él de la ingeniería genética de alimentos. Poco, casi nada, entendí, pero disimulé muy bien».

Ya estará Pedro trabajando, investigando de nuevo, en la Bayer. Mis niños tienen hambre, Pedro, a ver si descubrís pronto, cuanto antes, una luz de esperanza, a ver si lográis esa explosión de alimentos infantiles de la que me hablaste, eso sí lo entendí.

 

 

CURSO GRATUITO DE ESCRITURA PARA AUTORES NOVELES

Responsables: juan re crivello y josé ángel ordiz

Duración mínima: seis meses.

Más información en: FlemingLAB

 

 

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55 comentarios sobre “PÓLVORA

  1. Hola j. a. ordiz Me ha llegado tu mensaje.
    La edad como símbolo, tal vez el fallo fue cuando lo decidimos era originalmente un programa para talentos muy jóvenes (-20 años) y creo que es necesario comprometerse con los quinceañeros que escriben como locos… Pero bueno, juntos hemos reflexionado en privado y se ha transformado en un Curso para escritores noveles, o sea talento en desarrollo sin límite de edad. Dice bien Ana Fernández Díaz, los grandes ¡Zas! Digo los buenos escritores han consolidado su talento más allá de los 40, lo anterior es la fuerza del destino que te empuja aquí o allá. Se necesita dialogo interior, liderarse a uno mismo, radicalidad pero no superficialidad y fluir. Y en este punto dos buenos pesos pesados, dos señores del alma como tú y yo ayudan, acompañan a que el talento se exprese en libertad. Por lo tanto el equipo de FleminLAB (en el que detrás colaboran 6 escritores y una coach) avala la decisión.
    Un abrazo
    j re crivello. Van los nuevos pantallazos de publicidad

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    1. Conste y amén. Voy a corregir un anuncio que anda por mi blog, ya trasnochado gracias a la veinteañera que tan bien reflexiona al borde de los cuarenta, en qué demonios estaría pensando yo que no me acordé, por ejemplo, de mi maestro Saramago, la madre que me… El Sansón, Juan, el Sansón o el vodka de Irina, mira que salirme tan bebedores estos secretarios míos…
      —¡Quítate para allá, Blanca, que esta botella es de agua mineral, no de ginebra!
      Todos menos Blanca, claro.

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  2. Oye qué me ha encantado, la anécdota y la manera de contarla. Pero lo que más, con diferencia, es que existan profesores así, capaces de arriesgar, de comprometerse, de innovar, de llevar a los alumnos por caminos nuevos y ayudarles cuando ven la luz. Y también de jugársela cuando la lian parda con la dichosa luz. Genial!!

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    1. Menos mal que era funcionario del Estado y para expulsarme se necesitaba mucho papeleo. De buena gana se hubieran librado de mí unos cuantos en esa y en otras ocasiones. Pero, quia, no lo consiguieron y, además, el alumnado siempre estaba de mi parte; por algo sería, digo yo. Gracias, Ana (yo estoy al borde de los 61 y poco queda de mí, pero esta es otra historia que no viene a cuento).

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      1. Si el alumnado estaba de tu parte sería tú lo has dicho.
        Al borde de los 61 pero dudo que quede poco de tí. La esencia sigue ahí metidina. Entre tu borde y el mío van 20 años que dice Gardel que no es nada y yo estoy de acuerdo.
        He leído que no te gustan los paréntesis en medio de tus relatos

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      2. A partir del lunes, Ana Fernández, ya no habrá edades en FlemingLab gracias a ti y a mí, que transmití tu aguda reflexión al borde de los cuarenta. Por tanto, muy joven de nuevo, jovencísima, de la edad de tu hija, por ahí, podrás aprender a escribir de verdad, en serio o en broma, o ni en serio ni en broma, de un grandísimo embustero, digo de un grandísimo maestro de la narrativa llamado… Vaya, no recuerdo ahora su nombre, pero tiene nombre, de eso sí me acuerdo… Aunque, bien pensado, si ya eres una profesional de la reflexión, ¿para qué quieres ser una embustera, digo una escritora profesional? Mira, mejor lo dejo aquí, que se me ha subido el vodka de mi secretaria Irina a la cabeza y ya no sé lo que digo, digo lo que escribo. Hasta otra, maja.

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      3. Bueno pues sabes qué? Que me has dado una alegría enorme, porque desde que cumplí los temidos cuarenta, he levantado una cruzada para defender que no hay una edad para cada cosa, ni que por ser mayor uno debe dejar de aprender. La edad solo nos impide hacer aquello que por cuestiones físicas nos es imposible realizar, pero jamás porque hayamos cumplido años. Nunca es tarde para seguir aprendiendo. Muchos de los grandes escritores, crearon sus obras más famosas después de los cuarenta, algunos, después de los sesenta, así que, esto que hemos conseguido hoy me emociona especialmente, no por mi, que también, sino por todos aquellos que siguen siendo jóvenes después de los cuarenta y que han decidido que nunca es tarde para aprender. GRACIAS!!!!!
        P.D. Yo no soy una profesional ni mucho menos, suelto a bocajarro aquello que pasa por mi mente inquieta, pero escribir, lo que se dice escribir, no sé hacerlo.
        ¿Has estado tomando vodka? Pero bueno, a tu edad!!! Jajajajajajaja.

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      4. Las malas compañías, Ana, las malas compañías, dos secretarios y una secretaria, que me salieron bebedores y, claro, caí en la tentación y ahora ya ves, que si vino, que si vodka…, de todo menos agua. Voy a corregir el anuncio de los 25 años, ya corregido en Barcelona. Si Saramago empezó a escribir casi a los 60, y no le fue mal, como para no tomar nota. Pero de no ser por tus reflexiones al borde de los dieciocho… Gracias, Ana, en nombre de mis futuros escritores noveles sin límite de edad, nunca se sabe de dónde puede salir un Nobel (o dos).

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    1. Al ser un servicio gratuito, me temo que sea despreciado por eso mismo, pero abiertas estarán mis puertas, como abiertas estuvieron siempre las puertas de mis laboratorios. Voy ahora a ver lo que tú ya has visto, me parece elemental, lógica, justa, tu petición, y así lo haré constar (conste). Un abrazo y felicidades sabatinas y gracias por tus nuevos comentarios.

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    2. Ya está eliminado, Martes. Únicamente queda una alusión (incorrecta, por cierto) en Preguntas frecuentes, que pronto será corregido, ahora me pondré en contacto con quien debo ponerme. Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación… Ah, no, que no estoy en misa, una eternidad sin pisar una iglesia y de qué me acuerdo todavía, qué memoria, a tiempo parcial, la mía (nuestro común amigo, Rubén, está ahora jugando con el Puma CF, no todo va a ser estudiar y leer, que juegue mientras pueda jugar, ya hay muchos niños, siempre demasiados, demasiados serían aunque solo fuese uno o una, que no pueden jugar).

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    1. Lindo, ya lo creo. Encuentros así justifican vidas enteras. Ese breve encuentro justificó la mía. Muchos abrazos, AM, y ánimos para 777 en nombre mío y también de JM. Aquí el merluzo del norte, digo 077 (el merluzo del norte soy para JM; aquí, en España, necesitamos refuerzos en nuestras medidas de seguridad, por lo que ella es la cordobesa de Bilbao un día, y al siguiente es la catalana de Castilla y León, o la extremeña de Toledo, lo que pinte).

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  3. Mira por dónde, leo esta entrada y veo que hasta salgo yo en ella. Doy fe de que todo lo que cuentas es verdad, aunque mi memoria no se conserve tan fresca como la tuya: lo de que te llamaran Pirado no lo recuerdo (o no llegó a mis oídos), sin embargo lo de Robocop sí que me suena, pero solo eso. A ver si un día explicas la motivación de esos apodos.
    Escribes como los ángeles, y disfruto leyéndote, ya lo sabes. Siento cierto orgullo (esfuerzo me costó que desterraras aquellos pedestres gerundios en tus primeros textos), como el que se siente cuando te encuentras a un ex-alumno y compruebas que es una eminencia en tu propia rama.
    Estoy orgulloso, repito, de haberte ayudado y de que me cuentes entre tus mejores amigos.
    Me alegra que disfrutes escribiendo y que nos hagas disfrutar a tu legión de entusiastas fans ( sin distinción de género ni de número). Un abrazo grande, amigo.

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    1. Sería más explícito con lo de Pirado y contaría encantado lo de Robocop, en este caso cómo me enteré del apodo, la pesadumbre de cierta profesora al mostrarme la revista del instituto, de inmediato el orgullo reflejado en mi rostro, que tanto la desconcertó, pero no sé, demasiadas batallitas del abuelo, de un abuelo con hijos e hijas de papel únicamente… Bien veremos, lo que Rogelio el ciego me diga, o Blanca, o Irina, o el propio Teo (cuatro a tres le sigo ganando al mismísimo Marías; se confió y, hala, el cuarto gol, el del estudiante Teo, le metí, y así continúa el marcador, inamovible, ambos cada vez más viejos y virtuales, en Zendalibros.com puedes encontrarlo a él, también en su blog).
      No soporto los paréntesis en mis relatos y ya ves aquí, paréntesis va y paréntesis viene, qué cosas me pasan.
      Porque recuerdo bien lo de los pedestres gerundios vuelvo a ser profesor, esta vez de escritura, ¡toma ya! Alumnado no sé si tendré, pero abiertas estarán las puertas de mis “clases” gratuitas (como fueron las tuyas conmigo, hay ejemplos que conviene seguir al pie de la letra aunque figuren entre paréntesis). Mi abrazo, tan grande como el tuyo, no va entre paréntesis, fíjate bien.

      Nota del autor: como lectores y lectoras hay que incluso leen los comentarios, acaso lo mejor de este blog y de tantos otros, el instituto en cuestión, el Padre Feijoo, está ubicado en el barrio gijonés de La Calzada; el director que ordenaba y mandaba cuando ocurrieron estos incidentes y otros, hoy jubilado (canta en un coro y mete ruido en una orquesta con el saxofón), tiene nombre y apellidos: Gervasio Alegría Mellado. No añadiré, parecería puro chiste, que en sus tiempos mozos tuvo una novia, o medio novia, cuyo primer apellido era Pena.

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      1. Vaya, estaba respondiendo a tu correo anterior. En el Padre Feijoo presenté mi última novela, allá por el 2012. De mis tiempos apenas quedaban representantes en el centro, pero me cachearon por si llevaba pólvora, o dinamita, encima. Es decir, para mí tengo que su plantilla actual es muy responsable y sabe lo que se trae entre manos. Qué cosas, mira lo que ha dado de sí lo que antes comenté en tu blog, de lo que, por cierto, ya no me acuerdo, menos mal que me jubilaron a tiempo, cuánto saben los médicos. En fin, desearle suerte a tu hija, claro, y que me avise, dentro de dos años o así, si encuentra algo más de la puerta que voló por los aires.

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      2. Es lo que tiene una tarde lluviosa de sábado, que da mucho de sí.
        Estaba leyendo lo de los cursos de escritura para “jóvenes” y me voy a dar un atracón de chocolate porque cuando leí “jóvenes” pensé:
        -Coño estoy de suerte!
        Luego vi lo de “menores de 25” y me dí cuenta de que ya no soy joven!! Para cuándo el taller gratuito para “adultos”?

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    1. Ahí lo tienen ustedes, señores y señoras y alumnado del Consejo Escolar: un favor de los grandes nos hizo Pedro Cortina, a ver si ahora les hace, cuanto antes, otro favor a “mis niños”, a tantos inocentes hambrientos y dispersos por el mundo, aunque este favor lo veo más difícil de hacer; pero que nadie se rinda, eso nunca, y Pedro, estoy seguro, no se rendirá, como nadie que ve la luz se rinde. De nuevo, otro abrazo para ti, señorita o señora María.

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  4. De profe a profe, esta entrada es fantástica!! Si supiésemos despertar el interés y la curiosidad de los alumnos, otro gallo nos cantaría en la Educación. Está claro que hay que atender más a la individualidad y a la educación emocional, potenciando las capacidades y habilidades del alumno.
    Un abrazo don Pirado. 😀

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    1. Casi me expedientan en el siglo pasado por no terminar nunca los temarios debido al tiempo que yo “perdía” en los laboratorios con mi alumnado. Después, con la primera reforma educativa, también en el siglo pasado, me premiaron por hacer lo mismo (el premio Mercurio a la experimentación, ¡toma ya!). Ahora no sé cuántas reformas van, espero que conserves el juicio que yo nunca tuve en exceso, la verdad. Que yo recuerde, nunca, en ningún curso, terminé yo el temario exigido por la inspección educativa y por las normas del propio Departamento de Física y Química, que entonces se llamaba Seminario: ¿cómo hablar de una pipeta o probeta si el alumnado no las había visto nunca ni en pintura? De ello, y de Pedro, me vanaglorio. Un abrazo, señorita o señora María.

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  5. Y pasa, en mi caso que compro el pan en la misma panaderia, se acercan algunos “de hace años” son los ex-alumnos. Me parece una historia de sucesivas historias. Por cierto j. a. veo que Ud ha estrenado publicidad al final ¡y Gratis! saludos emocionantes j re crivello

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    1. Pedro Cortina Pascual hizo un favor al instituto, te lo digo yo, esa puerta era peligrosa. Supo, sí, elegir la “víctima”. Motes, motes… No, yo no los ponía a mi alumnado. Tal vez en casos muy puntuales, pero no me acuerdo, creo que tampoco. Yo los insultaba directamente: ¡gamberro!, ¡vaga!, ¡malandrín!, ¡a tomar por saco la puerta, qué coj. narices!

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      1. Pues sí, qué carajo. Además, como mi alumnado se reía y a mí me gustaba que se riera, tan seria la puñetera química… En el fondo, muy en el fondo, yo quería a mi alumnado, entre otras cosas porque era el que me daba de comer.

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    1. Aunque dicen que la risa es muy buena para la salud mental, poco me reí yo entonces, la verdad. La cara de pirado que puse me quedó muy bien; según el director, los acojoné a todos y a todas en el Consejo, aunque, sin el posterior y oportuno incidente posterior, mucho me temo que a Pedro Cortina no lo hubiera salvado ni Dios bendito, y ya ves ahora dónde está y en lo que trabaja, salud y suerte para él. Bueno, y para ti también, que de él posiblemente no sepa nunca nada más y de ti sí sabré algo más, o eso espero.

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      1. ¡Tú conoces mi vida entera, eso tiene que ser! ¿Cómo demonios, de no ser así, dices ahora lo que yo solía repetir entonces? No sé, Chus, no sé, ¿no habrás ejercido tú también de profesor en Gijón y estuviste presente en ese Consejo Escolar? Porque eso mismo argüí yo ante los jueces de turno para salvar mi propio pellejo, que también peligraba por culpa de la pólvora negra, unos diez kilos tengo por aquí.

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  6. Magnifica anécdota, todavía no puedo parar de reír (con lo de la puerta claro), no puedo cerrar la boca (de lo impresionante que es el destino, los reencuentros…) y no puedo dejar de pensar que seguro eres un estupendo profesor!!! Saludos

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