POEMARIO INCENDIADO (11)

Una breve intromisión por mi parte para comentar lo siguiente: en este último poema de Mateo el mendigo hallé el título perfecto para la novela que, después de cincuenta y tres años, logré finalizar (lástima, en mi caso, que lo imaginado o vivido o soñado o recordado no sepa escribir por sí solo, que dependa de un talento de carne y hueso). Sus versos últimos dan la bienvenida al lector en Sal dulce, como no podía ser de otro modo.

Desde que tengo por Dios

al Dios de las hormigas,

cuánto me duelen estas heridas

de cualquiera,

de otros,

mías;

tajos en el corazón,

desgarros de la vigilia;

llagas vivas

donde los peores días

y días

vierten toda la sal;

quizá sal dulce,

diluida,

curativa,

con el tiempo,

mañana,

hoy sal pura, impía.

Poemario incendiado, MATEO GARCÍA

sal

 
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