FRAGMENTOS (2)

Según mi padre:

En aquel tiempo

Al llegar a la orilla del río, el soldado de la cabeza vendada, que abría la marcha del cuarteto y no llevaba fusil, se detuvo de repente y obligó a los otros a pararse también. Antón, unos pasos por detrás de ellos, se detuvo igualmente. Blasfemó de pronto el soldado herido, la vista fija en el teleférico por el que bajaban las vagonetas cargadas de carbón desde la mina Santa Bárbara hasta la tolva para subir después, por el cable paralelo, hasta la explotación hullera, algunas vacías y otras con madera. De alguna parte sacó algo el soldado, algo que observó apenas un instante y sopesó a continuación, algo que finalmente arrojó hacia las instalaciones de Duro Felguera.

—¡Para que os acordéis de nosotros, hijos de puta! —gritó.

La bomba de mano —eso era, sí— se elevó por encima del río, atravesó la vía férrea del tren minero, impactó en el extremo inferior de la tolva y, sin explosionar, se perdió en el ortigal que rodeaba la caseta destinada en un principio a servir de lampistería, una construcción de ladrillo abandonada sin haber sido utilizada para el fin previsto ni para ningún otro. Nuevamente blasfemó el soldado.

—¡Y queremos ganar la guerra, hostia!

Los compañeros, sin afeitar desde hacía días, lo miraron y uno de ellos comenzó a reír. Los otros dos en seguida siguieron su ejemplo. Cuando se calmaron, el más alto se encaró con el herido:

—Tienes la negra, desengáñate.

—Qué negra ni qué Dios. Fusiles que no disparan, bombas que no explotan, todo así. Y queremos ganar la guerra, hostia.

 Antón miró de nuevo hacia la lampistería, estimó la posibilidad de ir en busca de la bomba defectuosa antes de que otros la encontraran: podía quitarse las alpargatas y atravesar el río por allí mismo, apenas tardaría unos minutos en ir y volver. Pero ya los soldados continuaban la marcha y nadie, salvo él y aquellos cuatro hombres, sabía que la bomba estaba en el ortigal: podía buscarla más tarde o al día siguiente; tiempo tendría de deslumbrar a los amigos con el hallazgo, de asustarlos a todos pues ignorarían que la bomba de mano ya no servía para matar. Estaban cerca de Riberes cuando el muchacho oyó que el soldado más alto, el último de la fila, preguntaba:

—¿De quién eres, rubiales?

El chico se detuvo en seco al comprender que el soldado se lo había preguntado a él aunque continuara caminando y le diera la espalda.

—¿Yo?

El soldado sí se paró ahora, sí se giró hacia él.

—Tú.

—Soy Antón, el de Paco y Benjamina.

—Ahora me acuerdo, rubiales, ahora me acuerdo. Yo cortejé a tu madre cuando éramos jóvenes, casi unos guajes como tú. Pero Paco me quitó la moza de mayores, cosas de la vida. A quién tirarías tú, que no te pareces a nadie, con ese pelo y esos ojos de mujer. ¿No serás hijo de algún cura?

 —No, yo no. El hijo de algún cura es Guzmán, el de La Pedrera.

Sonrió el soldado alto y moreno, el hombre de barba tan negra como el carbón que sostenía el fusil entre el cuerpo y el brazo flexionado. Después volvió a preguntar:

—¿Te acuerdas tú de mí?

—No.

—Mejor. Qué sabes de Lalo y Marino.

—¿Los de Pontones?

—Los de Pontones, sí. ¿Están bien?

—Sí.

—Qué sabes de María.

—¿De la madre?

—De la madre, sí. ¿Está bien?

—Sí.

—Como alguien se meta con ella o con mis hijos…

—Por qué se va a meter.

—Ya lo sabrás si no lo sabes todavía. Más les valdrá a todos que los respeten, porque volveré. Dilo por ahí, rubial, di que me viste y que volveré. Ya sabes quién soy, ¿verdad?

—Sí.

—¡Nando! —voceó uno de los soldados que no se habían detenido en aquel paraje donde abundaban los fresnos.

El padre de Lalo y Marino miró hacia atrás, después se encaró otra vez con Antón:

—¿Me harías otro favor?

—Cuál.

—Subir a Pontones y entregarle esta carta a María.

Nando sacó un sobre de la guerrera, a la que le faltaban casi todos los botones metálicos, y se lo tendió al muchacho. Antón cogió la carta.

—Se la daré.

—Ya ves que me fío de ti, rubiales. Y más te vale cumplir tu palabra de todos modos: recuerda que volveré.

Aún faltaban muchos años para que yo naciera, hijo de ese rubiales, de ese Antón curioso (poco importa el nombre o el color del pelo) que presenció uno de los desfiles de la derrota de los soldados republicanos que por los montes prolongaron la guerra civil cuando ya la guerra oficial había terminado en Asturias.

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22 comentarios sobre “FRAGMENTOS (2)

  1. Que historia es cierto José muchas contaron de muchas maneras y colores aquellos que e fueron ya se apodaran Rubiales, o Luquillas. o que se yo la de personajes que dejaron sus vidas y que aun al leer textos como este tuyo. es revivir esa voz esa persona que nos las contó… Las lagrimas en mis ojos. hizo recordar a los que ya no están. pero que tanto pasaron. . Anoche vi el video de Michael Jackson – Earth Song – Subtitulado en español.. sigue impresionando de la misma manera que lo escuché la primera vez.
    Gracias por tus letras y todos los aportes que nos hacen sentir. Feliz tarde

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    1. Gracias, Araceli. Seguiré informando sobre lo sucedido en aquel tiempo, pero no llores, mujer. En cuanto al vídeo, tuve que retirarlo, se me denegó el permiso por parte del autor. Pondré otro (sin subtítulos, lástima, y le dedicaré la entrada que merece). Feliz tarde (en Oviedo hace un día de perros, frío, viento y lluvia y más lluvia, pero eso, por aquí, es habitual y no por ello dejamos de ser felices, la piel descolorida por el poco sol pero felices cuando toca ser felices).

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      1. Hola José, me gustan tus textos costumbristas que me atrapan sobremanera. Esto de soltar una lagrima es por tus letras que las tpresentas así sencilla, reales y con la bella narrativa l que nos haces .vivirlas. Espero tu próxima publicación.,
        Por aquí llevamos un año seco la temperatura ahora es algo más bajas pero no como de costumbre en esta ciudad tan cerca de sierra nevada que menos mal está nevada. es muy agradecida..

        ¡ Buen domingo tenga usted

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      2. Lo mismo le deseo, señora. En cuanto a los textos costumbristas, he añadido una categoría para que en ellos reposen según los vaya publicando. Estarán en Historias de Asturias. Los de Fantasía en El narrador. Y los más despiadados en Impiedades reunidas. Dentro de dos meses, por ahí, seguiré informando sobre ellos. En cuanto al tiempo, veraniego hoy en el norte, con nieve en los altos también.

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  2. Estoy en contra de las guerras pero más detesto las dictaduras, presumen de una paz que nos les pertenece, masacran a lo callado, hacen del miedo y la tortura la forma más siniestra de pasar las próximas veinticuatro horas. El franquismo, Pinochet vienen a mi mente aunque existe una larga lista de nombres y crueldades, Stalin y tantos que ahora mismos lo hacen…
    La República ha debido ser, ahora en otros tiempos, tal vez sea por otros medios, democráticos. Como siempre pienso, los inocentes son los que mueren y en esta historia tan real, el daño mortal casi mata a un niño diez años después y eso es una barbaridad. Esperaré la próxima entrega. Saludos, Scarlet

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    1. Ni que hubieras leído la novela, la has resumido a la perfección. Pero continuaré informando en tiempo y forma, cuando tramite unas entradas previas, un laberinto este blog que ya no controlo, creo que voy a introducir nuevas categorías y ordenar un poco las entradas, espero que el remedio no sea peor que la enfermedad. Saludos, amiga.

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      1. Al leer sentí dolor y decepción, tiempo que dice, recuerdos que hablan. Escrito de tal manera, difícil no experimentar las emociones que existieron y existen, todavía.
        El blog no es un laberinto en todo caso, parece que quien lo lee, encuentra la salida o ¿La entrada? Es recorrido que anima…
        Saludos, amigo.

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      1. Espero que sí sigas informando. Esto que has escrito es hermosa Literatura pero no se si demasiada gente entiende a qué te refieres.
        Te mando un abrazo inmenso. Casto. Aclaro xke los españoles son sexualmente ambiguos y se molestan con la mención escrita de contacto físico.

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      2. Los republicanos y otros que no quiero nombrar, más algunos extranjeros, entenderán. Pero, ¿te han contado que existe vida más allá de la republicaneidad? No olvides a los jóvenes. Hace pocos años un muy joven arquitecto argentino confundió “Desaparecidos” con “Holocausto”.

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      3. Buen apunte, amigo. En cuanto a los jóvenes, cuentan que un alumno, en vez de comentar en la prueba de acceso a la universidad “La guerra de las Galias”, como se le pedía, comentó “La guerra de las Galaxias” (y no es broma, ignoro si aprobó o no el examen).

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