ENREDADOS

(RECREACIÓN QUE EN SU DÍA, NO SÉ CUÁNDO NI CÓMO, DESAPARECIÓ DE ESTE BLOG LABERÍNTICO)

redes sociales

Sí, en la manifestación se oirían, unidas, vigorosas, nuestras voces de protesta. Unidas y vigorosas voces en nombre de la dignidad, de la libertad, de cuanto le habían arrebatado a Mavi. A mí me comunicó la iniquidad un amigo internauta, a su vez advertido de la injusticia por una compañera que yo solo conocía, como él, por las redes sociales. Ese mismo comunicado lo compartimos con otros y otras colegas que navegan por el ciberespacio y, cuando fuimos legión, decidimos actuar inmediatamente. Mudos los periódicos, mudas las televisiones y las radios; a ver si continuaban mudos y mudas tras la manifestación en esa ciudad en la que a Mavi la habían privado de la dignidad y la libertad sin otro fundamento real que el de la estulticia humana de nuevo al descubierto, quizá por repetida tantas veces poco atractiva ya para los medios de comunicación tradicionales.

Solidarios, abandonamos labores y familias y nos personamos en la población del oprobio reciente con una triple uve doble en las vestiduras como bandera identificativa: podían ser falsos nuestros nombres e iconos, pero sincera y apasionada era la voluntad que nos reunía para defender los derechos de Mavi, los derechos de la humanidad.

Sí, en la calle principal de esa localidad se oyeron nuestras unidas y vigorosas voces hasta que, colapsada la circulación, rotas las lunas de algunos escaparates, provocados algunos incendios por las llamas de nuestros fuegos interiores, se multiplicaron las fuerzas del orden público y nos dispersaron a golpes, con una violencia experta, resignada pero eficaz.

Tampoco las manifestaciones, igualmente por iterativas, son ya interesantes para los medios de comunicación tradicionales: al día siguiente solo aparecieron en algunos de ellos breves reseñas de incidentes entre la policía y unos adictos a las redes sociales que exigían la liberación de una compañera encarcelada sin motivo.

Menos mal.

Lesionados sí, derrotados nunca, cuatro representantes de los manifestantes disueltos nos desplazamos hasta el domicilio del que una anciana nos habló. En la casa de campo nos recibió otra vieja, muy amable también, que, como la anterior, parecía en paz consigo misma. Quizá había aprendido ya a vivir, o a morir.

—¿Han sufrido un accidente colectivo?

—Muy graciosa.

—Son varios y están vendados, yo diría que soy realista, no graciosa.

—Sea lo que usted sea, queremos saber en qué prisión retienen a Mavi.

—¿Prisión?

—Conteste.

—Ella está aquí, conmigo.

—¿Aquí?

—Me hace compañía, y creo que yo a ella también.

—De qué habla.

—De Mavi, de mi querida Mavi, ¿desean verla?

—¡Sí!

—Pasen, pasen, y así también nos harán ustedes compañía durante un rato.

No, no estimamos que Mavi echase de menos dignidades o libertades aunque poco o nada supiéramos sobre las hormigas.

La plácida anciana nos consoló con jamón, queso, pan y vino.

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4 comentarios sobre “ENREDADOS

    1. No me eches, Gabriela, fuimos a la manifestación de buena fe y nos engañaron. ¿Seguro que eres Gabriela y no Gabriel? Un abrazo, un beso no sé, no me fío tras la paliza que nos dieron los policías, aunque el queso y el jamón y el vino de la anciana estaban riquísimos.

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