INOCENTES CORDEROS

—¿Por qué me temes, José Ángel?

—Porque no soy imbécil, Hannibal.

—¿No lo eres? Me parece que sí: tienes miedo de una ficción.

—Sonríe cuanto quieras, Lecter, pero quédate ahí, en el papel o en las imágenes, que eres peligroso y como me descuide lo más mínimo, como me deje embaucar por tu labia, me comes el hígado o el cerebro o la totalidad de mis órganos.

—Qué ricos los de Clarice, los tuyos ya no.

—A buen hambre no hay mal pan, tú quédate ahí, no te acerques.

—¿Todavía sientes el clamor de tus corderos inocentes?

—Sí.

—Podría ayudarte a olvidar.

—No, gracias. Su silencio, el silencio de mis peores recuerdos, al igual que el de los mejores, no me recordaría que he vivido, que estoy vivo todavía.

—Tus deseos son órdenes para mí.

Opino, ya está escrito en este blog, que la mayor parte de las mejores películas de la historia del cine están basadas en relatos exitosos antes o después de que sus personajes, a través de guiones adaptados, cuenten en las pantallas lo narrado en esas historias escritas.

Un buen relato no cabe entero, es evidente, ni en el más afortunado de los guiones, y los guionistas, a veces el propio escritor, saben que su misión es conservar la esencia de lo novelado, podar el árbol sin dañar las ramas principales durante el trasplante, durante la recreación.

Más complejas, más dignas de alabar aún, son las recreaciones de estos artistas narrativos cuando, a diferencia del caso anterior, no hay árbol con ramas ni hojas, solo las firmes y originales raíces de una idea apenas esbozada en un relato muy corto que deben nutrir con más ingenio hasta obtener un árbol fílmico.

Esta película de Jonnathan Demme está basada en la novela de título homónimo de Thomas Harris, una afortunada secuela de El dragón rojo, por él escrita siete años antes y también llevada al cine con posterioridad, tras el éxito de El silencio de los corderos.

No es precisamente frecuente que una secuela supere en calidad a su progenitora, pero en toda regla hay excepciones: excepcionales las tendencias alimenticias y las costumbres sibaritas de este brillante psiquiatra ido, asesino y caníbal, el Hannibal Lecter interpretado por el genial Anthony Hopkins, oscarizado como actor principal en la actuación más corta de la historia del cine norteamericano (apenas 17 minutos, pero qué actuación, Sir, de nuevo me quito el sombrero que no tengo ante tu interpretación).

Si alguien desea ver el tráiler, que no se acerque mucho a la pantalla: nada más peligroso que un perturbado muy inteligente (aunque de cuando ayude a detener a otros psicópatas).

El silencio de los corderos

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8 comentarios sobre “INOCENTES CORDEROS

  1. La serie es igualmente buena. Esa preciosidad visual: los bosques oscuros, los mares negros, la transformación del alce… Vaya que el material literario que han dejado se ha convertido ya no en una buena base, sino en todo un legado cultural. Y es que, ¿quién no adora ver seres así en pantalla? Es como ver películas de terror sabiendo que el alien (una de mis favoritas) no existe y no te atacará cuando vayas a la cama. Claro que acá además está el que permite a muchos fantasear con sus propios deseos homicidas. Es todo un icono el señor Hannibal.

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    1. Pues sí, Daniel.
      En cuanto al Alien, tengo preparada ya la entrada, que llevará por título Un pasajero de más. Quiero decirte con esto que también es una de mis preferidas, impactante a más no poder su primera visualización (como la de Blade Runner, a la que ya he rendido mi homenaje en este blog en cuanto a la ciencia ficción se refiere, el género cinematográfico que más me atrae).

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      1. Estaré pendiente para cuando la compartas. Sí, Alien es una de esas experiencias que cambian la forma en que ves la oscuridad. Yo, sobre todo, que la vi por primera vez cuando tenía como diez años o menos. El silencio del espacio y ese latir de las maquinas mientras los pasajeros mueren… ufff.
        Un saludo, José.

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  2. La saga de Hannibal es fantástica, si la películas están bien, los libros están mejor y eso que Anthony lo borda en el papel de Hannibal Lecter, no se le puede quitar el merito que tiene. Cuando leí por primera vez dragón rojo hace ya más de 25 años me gusto mucho. Y cuando salio la película el silencio de los corderos no lo relacione hasta un tiempo después y tuve que volver a leerme dragón rojo por algunas referencias que salieron en el película y que no recordaba. Muy buena entrada. Saludos José Ángel.

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