FRAGMENTOS (1)

Sobre la hierba ribereña caía la sangre que manaba de su costado. Vio el puñal abandonado del agresor, lo tomó en la mano. El quinto y último hijo de Arturo el poderoso levantó el brazo armado por la ira para atentar contra sí mismo, para completar la tarea que Remedes no había finalizado, pero entonces el amor por Bel se transformó súbitamente en odio por aquellos dos hombres salidos de la nada que le habían arrebatado lo más valioso que alguien puede tener. No miró hacia atrás al alejarse en el caballo, al seguir los pasos de aquellas dos sombras que nublaron en un instante el cielo de su existencia. Pero Pol no perseguía: huía de tanto como había perdido, huía de la pesadilla que había suplantado a una realidad tan hermosa que acaso era demasiado bella para que un hombre la viviese. Pensaba en las caricias y en los besos que ya no recibiría de la amada, a la que tampoco podría ya besar ni acariciar, en la voz que ya no oiría, en las risas que ya no le harían reír a él, y cada pensamiento alimentaba su deseo de venganza. Ignoro incluso lo que sé porque mis pasos han recorrido demasiados caminos y cuanto aprendí en las idas era mentira en las venidas. La bondad y la maldad se entreveran en mis palabras, al relatar los hechos que protagonizaron los personajes que aún me habitan, y a veces me duelen como nunca me han dolido algunos pasajes de este canto. Entonces advierto que hay cicatrices que cubren las heridas sin curarlas para que, en vez de cerrarse, se agranden hacia dentro, hacia lo más profundo de nuestro ser. Escasas son mis propiedades, ya lo ven, pero cuánto me hacen sufrir al recontarlas; no menos, sin embargo, del dolor que corresponde, en justicia, al desorden de mis actos. Nuestras existencias complementan los destinos ajenos, al igual que los días de otros condicionan nuestras vidas, pero recuerden que mis sentencias son el fruto de la osadía que proporciona la ignorancia; la prudencia de una mínima sabiduría eliminaría de mis labios estos alegatos que entorpecen mi narración en mayor medida que la refuerzan. Remedes y Almudio corrieron río arriba, por las rutas del norte, y Pol, en su huida imposible, los persiguió con la misma premura mientras presionaba el costado con la mano para cubrir la herida por la que fluía el hilo de sangre con que la muerte devanaba la madeja de su existencia. En ocasiones se acortaban las distancias entre el perseguidor y los perseguidos, y Remedes, que marcaba el paso a Almudio, maldecía entonces y buscaba lugares por los que no pudiese pasar aquel jinete que les seguía el rastro aun durante la noche, cuando no hay trochas, cuando deben adivinarse los caminos. Mascaba raíces Almudio, Remedes miraba hacia atrás y Pol cabalgaba a lomos de la desesperación. Llegó el alba, como llegó el nuevo atardecer, y el quebranto se manifestó en los perseguidos con idéntica violencia que en el perseguidor moribundo. Alcanzaron las primeras estribaciones de Las Montañas cuando el transcurrir del tiempo había dejado de tener sentido para los tres hombres que sólo en el futuro podrían hallar reposo; el infortunio, labrado en un instante, aspiraba a acompañarlos de por vida. En la noche de Las Montañas del Norte perdió el perseguidor las huellas de los perseguidos, y la luz de la mañana descubrió a un Pol agónico sobre el alazán: el caballo, detenido en la orilla de una trocha, piafaba, bufaba y volvía hacia él la cabeza de cuando en cuando. Incapaz de moverse, Pol abrió los párpados para reconocer el lugar donde habría de morir. Entonces distinguió una extraña figura, acaso humana, que se acercaba a él, alguien sin cuello, con dos cabezas. El jorobado se paró ante el jinete y pronunció unas palabras que el hijo de Arturo no entendió, como tampoco reconoció su propia voz al hablar para decir: «Soy Pol, y busco a quienes me han matado». Eso dijo antes de caer del caballo sin sangre en las venas. El jorobado lo cargó a la espalda y se dirigió a la cabaña de Tobías y Melina los eternos, a los que servía. Tobías le pidió al sirviente que tendiese al hombre en el lecho más próximo al fogón. «Late su corazón, su corazón muerto», sentenció el viejo Tobías, y miró a la esposa. Melina asintió con el gesto cuando sus sentidos corroboraron el dictamen del esposo. «Es muy joven», repuso la anciana, y prosiguió diciendo: «Aún puede vivir otra vida si el olvido se muestra clemente con él». El viejo miró a Pol, que parecía sufrir incluso en su inconsciencia, y luego contempló a Melina con el único ojo que le quedaba antes de hablar así: «Tú has decidido, mujer, que sea como has dicho».

Portada (Edición Casa Eolo)

Raramente la obra preferida de un autor coincide con el relato que sus lectores prefieren. Ahí tenemos el caso de García Márquez (alcanzó la fama con Cien años de soledad pero él se sentía más orgulloso de haber creado El coronel no tiene quien le escriba) o el enfado de Eduardo Mendoza cuando las autoridades educativas eligieron como lectura obligada para el alumnado Sin noticias de Gurb en lugar de La ciudad de los prodigios.

Salvando las abismales diferencias, claro, a mí me sucede lo mismo con El narrador de historias fantásticas, la única novela (mía) que salvaría del fuego a pesar de que Sal dulce (toda una vida empleé en esa historia; toda mi vida, real y ficticia, dispersa en sus páginas) se lleve los mayores elogios de mis pocos lectores (normal que pocos sean, otros y otras escriben mejor y pocos tienen).

Ese narrador que habla en el fragmento de esta entrada no es especialmente apreciado salvo por mí. No recibió, como sus hermanos y hermanas de sangre, reconocimientos en concursos, y tuvo que defenderse solo en la primera y en la segunda edición.

Los padres suelen querer más al hijo o a la hija que más necesita las caricias, pero yo no quiero más al narrador por eso: corrector nato, implacable (para mí tengo que escribo para poder corregir lo escrito), es el único relato (mío) que releo sin que desee la goma de borrar o las tijeras que usé tanto en una novela (finalista en el premio Herralde cuando yo era joven, El desconsuelo en Tebaida se titulaba, aún se titula así en el acta del jurado) que ni una línea queda de ella.

Soñé, y el narrador contó el sueño, con la hermosa Bel, con el apuesto Pol y con la no menos agraciada Rosalinda, con sabios y brujas y gigantes y enanos y ladrones y desiertos y ciénagas y montañas y bellacos y príncipes, con hielos azules y bosques y ríos y mares y pócimas y flechas y bárbaros y magias, con amores eternos y odios y con un perrillo y con ese enigmático narrador. Soñé algo que los más jóvenes no entienden y que los adultos desprecian. Vaya por Dios y por el misterio de la Santísima Trinidad, ni para soñar algo bueno (para otros) sirvo.

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18 comentarios sobre “FRAGMENTOS (1)

  1. Esa es la realidad, pero no necesariamente mala, puesto que hay tantas posibles interpretaciones y apreciaciones del arte como personas hay en el mundo. Y lo que a unos gusta, a otros no. Pero creo que es algo muy positivo puesto que si a todos nos gustase lo mismo…qué aburrido y monótono seria todo!
    Un saludo

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  2. Me ha dejado tan buen sabor de boca que voy a leer tu “Narrador de historias fantásticas”
    Entiendo muy bien lo que dices porque me ha pasado también. En algunos casos el relato que a mí más me gusta es el que pasa desapercibido y yo como si de un hijo algo más lento que los otros se tratara, defiendo su valor sobre los demás, aunque reconozco que sin mucho éxito. Y lo entiendo porque los gustos de cada uno discurren por caminos muy diferentes.
    Por lo demás, creo que disfruto tanto escribiendo que continuaré haciéndolo aunque sea para mi propio placer.
    Un besazo, José Angel.

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  3. “Soñé, y el narrador contó el sueño, con la hermosa Bel, con el apuesto Pol y con la no menos agraciada Rosalinda, con sabios y brujas y gigantes y enanos y ladrones y desiertos y ciénagas y montañas y bellacos y príncipes, con hielos azules y bosques y ríos y mares y pócimas y flechas y bárbaros y magias, con amores eternos y odios y con un perrillo y con ese enigmático narrador. Soñé algo que los más jóvenes no entienden y que los adultos desprecian”.

    La finalidad de la escritura como imposición, y para obtener unos resultados económicos, es algo que nunca formó parte de la esencia de los grandes. Muchos escribimos, salvando las distancias de los mencionados, sin esperanza o sin esperar alcanzar algo más que ver con cierta “corporeidad” aquello que surge del humus de la mente. Es maravilloso crear, recrear y traer al mundo seres, personajes y lugares, que si no fuese por ese empeño o empecinamiento que a veces nos posee, no llegarían a existir. Algo tan humilde como los cuentos infantiles que todos conocemos, o algo tan inmenso como El Quijote o Guerra y paz…hay tantos mundos, como decía una vez Walt Whitman:

    “Flores invisibles, infinitas, recónditas,
    Bajo la nieve y el hielo, bajo las tinieblas,
    En cada pulgada cúbica o cuadrada,
    Germinales, exquisitas, en delicados encajes,
    Microscópicas, no nacidas aún,
    Como niños en los úteros,
    Latentes, replegadas, compactas, dormidas,
    Billones de billones,
    Y trillones de trillones de ellas en espera
    En la tierra y en el mar –en el Universo-
    En las estrellas, allá en el cielo,
    Impulsándose lentamente, siempre avanzando,
    Formándose sin fin,
    Y esperando por siempre, y siempre más,
    Por nacer”.

    A mí, particularmente, me gustan esos mundos que mencionas(de tu libro) en la cita, al inicio de esta respuesta. Me llamó la atención por encima de todos “el narrador” en una ocasión que curioseé en tus libros, me gusta mucho el género del realismo mágico, creo que yo salvando las distancias, con mayor o menor fortuna, me muevo por ahí también. Últimamente he leído bastante de Dino Buzzati, también de Ana María Matute, Borges, etc…(a ver si se me pega algo 🙂 ) Digamos que la magia aún existe mientras en nuestra mente siga viva.
    Y ya aprovecho, cumplo el deseo, y te pido el libro del Narrador de Historias Fantásticas, si puede ser firmado por ti. Te dejo mi mail: quimoji@gmail.com para que me digas como te lo pago, etc…
    Un saludo.

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    1. Vaya, qué comentario más completo e interesante, qué alimento más rico para mi blog (aunque muy pocos se detengan a leer los comentarios, ahí queda eso).
      Por otra parte, has dado en el clavo, eso intenté hacer con el narrador, una especie, o suerte, como se estila ahora escribir, de realismo fantástico.
      En cuanto a Ana María Matute, su libro Olvidado Rey Gudú, del mismo estilo, le llevó toda una vida, y se publicó poco después que el mío: seguramente lo has leído, por lo que no necesitas leer el narrador.
      De todos modos, algunos de mis libros pueden leerse gratuitamente en diversos enlaces de internet (cuando recupero sus derechos, hala, para el mundo virtual, para que nadie pague por leerme). Es el caso del narrador.
      Está disponible en https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=15&cad=rja&uact=8&ved=0CDEQFjAEOApqFQoTCPSOjrun4MgCFQyYGgodz10Bmg&url=https%3A%2F%2Fwww.yumpu.com%2Fes%2Fdocument%2Fview%2F14554277%2Fel-narrador-de-historias-fantasticas-casa-eolo&usg=AFQjCNHOkJ_aSfGB-ckVmkMijlyKyutBFg&sig2=6ltlP7ThxVcefOFGK1m6dg.
      En otro formato, en papel, está disponible en http://www.amazon.es/El-Narrador-De-Historias-Fantasticas/dp/8498868262
      aunque vale 13 euros y pico.
      Si todo eso no te vale, algún ejemplar conservo yo para regalártelo. Aunque apenas puedo salir ya de casa, mi joven y hermosa y eficaz asistenta permanente sí puede.
      Pero insisto: relee Olvidado Rey Gudú y saldrás ganando.
      Un abrazo (o dos, que bien te los mereces por semejante comentario, digno de una entrada o artículo de los buenos).

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      1. Olvidado Rey Gudú, aún no lo he leído. Es la cereza que corona la guinda de las lecturas de A.M.M después de su trilogía medieval. Por esas circunstancias de la vida, un día fui con la idea de hacerme con el mismo, pero no estaba…Soy de voluntad débil cuando se trata de resistirse a los cantos de sirena de los lomos y portadas en esas oceánicas librerías, donde hay más de lo imaginable. El caso es que volví con otro o otra, ahora no recuerdo bien…y se van encadenando lecturas y algunas temporalmente quedan en segundo plano por la premura o interés de algo que te ha cautivado en ese instante. De todas formas ese tipo de acontecimientos inesperados, en ocasiones, abren la puerta a la posibilidad de poder leer a autores qué, de conseguir tu propósito inicial, permanecerían ignorados o desconocidos. Es de esa manera como he conocido escritores que me han impresionado gratamente, pues una vida no da para leer todo lo que uno quisiera y las preferencias o listas preconcebidas dogmatizan un poco la elección.
        Dicho lo dicho, puedo leer perfectamente tu libro. Me hace mucha ilusión.
        De las opciones que me das para hacerme con el mismo, me quedaría con la última, no por el hecho de que sea regalado o comprado, sino por el hecho de que en este mundo tan virtual a veces uno se relaciona con otros sin ninguna huella de contacto humano. Un libro virtual de un autor que conoces virtualmente llega a un lector virtual…es como que hay que romper la maldición 🙂 y darle un toque de calidez. Yo puedo corresponderte con un intercambio, de un libro mío. Corres el riesgo de decepcionarte, pero así es la vida, no todos podemos ser un pino en la cima del monte, a veces somos una pequeña flor en el valle. Somos lo mejor que podemos, no obstante. Por eso José Ángel, el ánimo no decae.

        Pues si te parece bien y me mandas a la dirección de correo electrónico de más arriba, tu dirección postal, te respondo enviando la mía y de paso me acerco a correos y te expido el libro.
        Salud!

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      2. En mi opinión, no es el mejor libro de Ana María Matute, pero a ella hay que exigirle mucho porque vale mucho.
        En cuanto a direcciones, ahora voy al correo y te respondo (si no nos gustan nuestros respectivos libros, ya sabemos, los prestamos, que es el mejor modo de deshacernos de ellos y dejar espacio a otros que nos gusten más). Voy para el yahoo.com.

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  4. No sé cómo es el otro relato que mencionas, este me ha parecido muy bueno.
    Suele pasar que los autores tenemos preferencia por alguno de nuestros escritos, y que estos, a veces no coinciden con los gustos de los lectores… pero en definitiva en eso también consiste el hecho de escribir.

    Un abrazo

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  5. Un relato muy interesante, me a dejado muy buen sabor de boca. Es justo reconocer cuando alguien vale para algo y tu vales para escribir. espero hacerme con algunos de tus libros y leerlos, estoy convencido que no me van a defraudar. Saludos.

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  6. Tienes las inquietudes propias del que le gusta escribir y lo intenta por todos los medios. Yo deseo hacerlo pero ni mis correcciones, ni mis borradores, ni mis tijeras, ni mi goma de borrar me dejan. Enhorabuena por ti aunque después estés decepcionado. Yo solo lo hago en prensa, cuando puedo y me dejan, y no siempre me sale lo que me gustaría. Algún libro anda siempre por ahí a medio terminar. Deberías darme lecciones de cómo llegar a un resultado…medio satisfactorio.
    Buen Domingo.

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    1. Interesante comentario, gracias.
      Observaciones por mi parte:
      1. No estoy decepcionado en absoluto, nunca creí que me iban a publicar tantos libros gracias a la suerte en los concursos y los pocos lectores es lo habitual salvo en casos puntuales, merecidos o no.
      2. Di lecciones (clases) de física y química, ahora ni eso.
      3. De todos modos, persevera y procura terminar lo inacabado si a ti te gusta, lo que puede gustar o no a los demás nunca se sabe.
      Un abrazo cómplice.

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