POEMARIO INCENDIADO (2)

Concluida la lectura de los poemas que me había regalado el mendigo, fui en busca del indigente generoso dos días después. Aquel hombre de edad imprecisa, de barbas cenicientas, pelón, mellado, flaco, había aceptado mi limosna inicial, no el billete posterior con que intenté pagarle el libro. Antes de entregármelo, me había preguntado: «¿Sabe leer?». Habíamos sonreído los dos. Me acercaba a la plaza convencido de que el probable cincuentón de ojos claros no era otro que Mateo García, el autor de los versos de Poemario incendiado. Allí estaba, en la misma esquina de la plaza donde yo le había dado calderilla sin saber que iba a recibir un tesoro por su parte. Saqué el libro del bolsillo de la chaqueta (aún lucía un sol poniente de enero, helaría por la noche), se lo mostré. «Es usted Mateo, ¿verdad?». Sonrió, negó con la cabeza. Mateo García, otro mendigo mucho más viejo que él, había desaparecido a finales de diciembre: una pareja de la policía local había expulsado de la plaza a los pordioseros (eso hacían cada cierto tiempo) y del anciano Mateo, hombre de muy pocas palabras, apenas un recién llegado al lugar aquel, nadie por allí había vuelto a saber nada. «Se iría por donde vino». «¿De dónde era?». «No lo sé. Me dio ese libro y yo se lo di a usted al acordarme de que lo tenía, no sé más». Ya me alejaba cuando el mendigo reclamó mi atención. «Se quemó las manos de joven». «¿Las manos?». «Las dos, le vi las marcas y le pregunté». «¿Por qué se quemó?». «Eso no me lo dijo».

Aquí va otro de los poemas sin título de Mateo García (esté donde esté, creo que lo mejor de él palpita en su Poemario incendiado):

Abandonémonos en nuestros abrazos.

En tu boca —deseo—

y en tu frente —ternura—

depositarán mis palabras los besos necesarios

para que en ti florezca sin temor la paz errante.

Bebe despacio de mi copa repleta de horas,

de este tiempo mío que tú inventaste

y que no, no cabe

en los relojes mortales.

Aliméntate, como yo,

de los racimos que cuelgan del luminoso espacio

—tu presencia ese sol repentino—

y amémonos sin dar opción a lo finito:

encanta con tu sonrisa mis ojos

cuando presientas

que algo los distrae de los tuyos

y elige tú los caminos que nos llevan.

Se acerca el mal, galopa el frío

por las carnes de los que se quedan:

te arroparé con mi ilusión de seda

mientras nos alejamos de lo caduco

y de las gentes que solo esperan.

No mires atrás, no mires,

no quieras ver los cuerpos caídos,

lo que sin ti mi alma era.

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12 comentarios sobre “POEMARIO INCENDIADO (2)

  1. Que vivencia José. Muchas veces que duro es el destino, con personas que tienen la sensibilidad de escribir lo que acabo de leer. Que bueno que sabes donde está y cuando lo veas si puedes y te acuerdas. Dile que una Argentina se emocionó con su escrito.
    Te deseo lo mejor y te dejo abrazos mágicos para tí y tu asistente.

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    1. Melani, qué sustos me metes, mujer (ayer también recibí varios “me gusta” y un comentario, así que no me eches a mí la culpa, andalucita).
      En cuanto al mendigo, no le pregunté el nombre (la rosa seguiría oliendo igual de bien aunque tuviera otro nombre, y cito de memoria lo que está escrito en latín al final de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco, una novela y una película de igual título a las que no sé cuándo les dedicaré una entrada titulada NO IMPORTA EL NOMBRE).
      No le pregunté el nombre, más pendiente de Mateo García, el poeta pordiosero, pero tenía cara de buena persona, de ser una “rosa”. Gracias por asustarme, digo por escribirme, y buenas noches.

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      1. Buenos días José.
        Jajajaja , pero si no fue mi intención asustarte , cuendo entre aquí no se podía comentar. Mira hoy en una de mis entradas también ha pasado eso y he tenido que editar varias veces , ya te digo que por aquí hay duendecillos traviesos , jajajaja.
        Se nota que eres escritor , me haces un lio de nombres . A pesar de todo me gusta como escribes .
        Eso de que no importa el nombre , no estoy muy de acuerdo, ya que lo que no tiene nombre no existe , bueno sabrás lo que haces.

        De nada hombre, el susto asido cosa leve jajajajajajaj.
        Gracias a ti por contestarme , es un placer escribirte .
        Un abrazo apretao . 🙂

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      2. ¿Importa el nombre de la rosa? Pero dejemos este debate para cuando haga la entrada que te anuncié, y asi me visitas. Oye, lo que sí te recomiendo es que veas la película El nombre de la rosa si no la viste ya, es preciosa. Otro abrazo para ti, por supuesto (menos mal que me animas un poco el blog con tus comentarios).

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      3. Si que importa el nombre de la rosa, pero tu le darás nombre a la rosa a su debido tiempo 🙂 .
        Siempre te visito y te doy “me gusta” , a veces también te comento.
        Me alegra saber que te ánimo un “poco” tu blog , es que yo por donde paso dejo alegría y buena energía , jajajajajajaj .
        Si que he visto la película El nombre de la rosa , pero no me importaría volver a verla .
        Un beso, 😛

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